Tags

Related Posts

Share This

1. De la medicina tradicional.

De la medicina tradicional a las preparaciones farmacéuticas.

Si bien México posee una larga y rica tradición de conocimiento y uso medicinal de la flora local, lo cual se plasmó en el Códice Badiano (1552) y en una porción de la Farmacopea Mexicana (1846, obra ya integrada por productos naturales, productos químicos y productos farmacéuticos)[1], no es sino hasta a finales del siglo XIX que el modelo terapéutico español[2], basado en el empleo de plantas medicinales para la elaboración de medicamentos procesados en farmacias o boticas, comienza a sufrir una transformación radical, con la aparición del “medicamento químico” o “medicamento industrial”.

Esta transformación se debió –a su vez- en el tránsito de la técnica tradicional de elaboración de medicamentos, sustentada en la extracción de los principios activos terapéuticos de plantas medicinales, hacia aquella basada en síntesis orgánica y el aislamiento de las moléculas, lo cual aunado a los sistemas de producción de la Revolución Industrial, impulsó la creación de un nuevo sector productivo antes casi inexistente: la industria farmacéutica[3].

 

Provenientes principalmente de Europa y de Estados Unidos, los medicamentos se distinguían –a diferencia de las fórmulas magistrales- por llegar envasados, con dosificación incluida y por ser de fácil administración, circunstancia que “generó una transformación radical en el tratamiento y prevención de enfermedades”[4]. Así en los comienzos del siglo XX, a la amplia difusión que tuvo la importación de estos bienes le siguió un esfuerzo de emprendedores mexicanos que comenzaron a producir, en laboratorios emplazados en farmacias y boticas, medicamentos de marca para competir frente a un nuevo modelo de producción y de negocio que no solo modificaba radicalmente el mercado, sino también influía en una nueva configuración del sistema de salud mexicano.

De manera súbita, el estallido de la Primera Guerra Mundial impidió el suministro a nuestro país de medicamentos industriales que se había hecho habitual desde finales del siglo XIX, lo cual “propició que se realizará el primer esfuerzo para envasar localmente, representar a empresas europeas y norteamericanas” y, al mismo tiempo, aumentar la producción en México[5]. Sin embargo, la tendencia predominante de “la formación de empresas comercializadoras e importadoras”, continuó hasta el inicio de la década de los 30, lapso en el que se presentó el doble fenómeno del asentamiento de empresas extranjeras en el país, acompañado de la creciente fundación de compañías productoras de medicamentos de capital mexicano.

[1] Schiffter (2014).
[2] Godínez (2012).
[3] Godínez (2014).
[4] Idem.
[5] Amtmann (1986).