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3. El desarrollo…

El desarrollo de la industria farmacéutica.

El universo productivo que desde su nacimiento representó la naciente cámara industrial, de acuerdo con los propios estatutos, eran “las personas físicas o morales que en la República Mexicana, se dedican a la explotación industrial de Laboratorios químico-farmacéuticos, cualesquiera que sean las actividades que cubran en este ramo, bien se trate de fabricación total o de acondicionamiento de productos, quedando exceptuados los establecimientos que preparan medicinas a base de recetas”[1].

La decisión de configurar un órgano de representación que agrupara a empresas de diferente origen de capital (nacionales, alemanas, estadounidenses, francesas, inglesas, españolas, suizas, japonesas, sudamericanas, entre otras), mostraba el cosmopolitismo que caracteriza a esta actividad productiva, al mismo tiempo que exhibía los retos perdurables que suponía, a un tiempo, mantener el crecimiento del sector conjugado con la unidad de la cámara, conformada por compañías de extracción diversa, pero cohesionadas por el interés común de desarrollar a la industria farmacéutica en nuestro país.

No es casual que en la misma época en que se fundara la máxima representación de la industria farmacéutica en México, se hubieran fraguado las Asociaciones que aglutinaron en su origen a las compañías nacionales e internacionales, respectivamente, que conforman a este sector productivo: el 21 de mayo de 1945 se estableció la Asociación Nacional de Fabricantes de Productos Químicos, Farmacéuticos y Medicinales, lo que devino después en la Asociación Nacional de Fabricantes de Medicamentos (ANAFAM)[2]; en tanto que el 23 de marzo de 1950 se instituye la Asociación de Productores e Importadores de Artículos Medicinales, la que en 1994 modificó su nombre para denominarse Asociación Mexicana de Industrias de Investigación Farmacéutica (AMIIF)[3].

De manera paralela a la constitución de la entonces CNILQF, se sentaron las bases del Sistema Nacional de Salud (SNS) contemporáneo, ya que en 1943 tuvieron lugar dos hechos significativos: la fusión de la entonces Secretaría de Asistencia Pública con el Departamento de Salubridad, con lo que se establece la Secretaría de Salubridad y Asistencia (SSA), y la fundación del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS)[4].

Aunque la Segunda Guerra Mundial culminó en 1945, los efectos que provocó en la escasez de oferta de medicamentos y de principios activos se mantuvo durante los años de la conflagración y buena parte de los años que siguieron a la posguerra[5], con lo que el creciente establecimiento de empresas nacionales y multinacionales en nuestro país resultó una acción no solo necesaria sino clave para el fortalecimiento del SNS, que acababa de nacer; razón por la cual, desde su origen, el desarrollo de la industria farmacéutica en México estuvo orientada al mercado interno, a contrapelo de lo que ocurría en otros sectores industriales que crecieron hacia fuera[6].

Al mismo tiempo que concurrían en nuestro país empresas nacionales e internacionales, la evolución científica y tecnológica de los medicamentos que la propia guerra mundial generó[7] fue benéfica para atender los padecimientos que existían en el país y para el mejoramiento de las condiciones sanitarias de la sociedad. Resulta ilustrativo, en ese sentido, que en la edición de 1952 de la Farmacopea Nacional de los Estados Unidos Mexicanos, aparecen por primera vez medicamentos que contienen, entre otros principios activos, la penicilina, la sal de sodio del pentobarbital y la testosterona[8] que tuvieron un amplio uso y efectos notables en la salud pública.

La nueva generación de empresarios mexicanos de la cual formaban parte los fundadores de la naciente cámara industrial, participaron de manera activa en –en alianza con el Gobierno de la República- para potenciar las oportunidades y minimizar los riesgos que representaba la posguerra[9]. A partir de 1946, frente a la agresiva reactivación económica de Estados Unidos y los efectos de un acuerdo comercial que favorecía la importación de productos norteamericanos en detrimento de los provenientes de otras latitudes, el Gobierno mexicano optó por establecer una vigorosa política de fomento industrial basada en la sustitución de importaciones[10].

La confluencia de las diferentes condiciones antes señaladas, dieron como resultado un notable crecimiento de la industria farmacéutica establecida en el país, lo cual se observa en la siguiente tabla:

Como se aprecia en la misma, el número de empresas entre los años 1940 y 1960 se quintuplica, el número de trabajadores más que se decuplica y el valor de la producción tiene un incremento geométrico. En su conjunto, los datos “muestran un notable incremento absoluto de las inversiones, empleo y producción”[11] de la industria farmacéutica, que acompañó el notable aumento de la participación industrial en el Producto Interno Bruto de México, pues la misma alcanzó en la década de los años 60 un 40%[12], en tanto que la participación manufacturera lo hizo en un 23%[13]

La expansión económica que mostraban las cifras oficiales en esos años ocurría en forma semejante al aumento de la población derechohabiente de las instituciones de seguridad social del país. Así, de 1944 a 1961, el universo que atendía, el IMSS, por ejemplo –incluidos trabajadores y familiares-, creció de 356 mil personas a más de 4 millones y medio.

[1] Véase anexo 1: Estatutos de la Cámara Nacional de la Industria de Laboratorios Químicos-Farmacéuticos.
[2] ANAFAM (2006).
[3] AMIIF (2016).
[4] Martínez (2013).
[5] ANAFAM (2010).
[6] De 1940 a 1945 “… la expansión de la demanda externa, más que la sustitución de importaciones, fue el que le dio el más importante impulso a la actividad manufacturera” de México. Moreno Brid (2010).
[7] García-Valdecasas (2016).
[8] Schiffter (2014).
[9] Medina (1994).
[10] Hansen (1971).
[11] Bernal (1978).
[12] Kuntz (2010).
[13] Ortiz Mena (1998).