La ética y la transparencia funcionan como una herramienta que puede ayudar a elevar la productividad, mejorar la imagen y reputación, y por tanto, incidir en mejorar la rentabilidad de las empresas. Sin embargo, es común encontrarse empresarios y directivos que separan la ética y la transparencia de su toma de decisiones en el negocio.

¿Cuál es la liga entre los principios de ética y transparencia, y la operación de nuestros laboratorios? ¿Tienen alguna utilidad en la estrategia de las empresas?

 

La transparencia es el contexto donde la operación de nuestros laboratorios se está desarrollando.

 

Pensemos entre tres variables relevantes para la empresa: productividad, marca y rentabilidad. Si entendemos la productividad como la generación de mayor riqueza al menor costo, la marca como la imagen y reputación de la empresa, y la rentabilidad como la relación entre las ganancias y la inversión. Estas variables están ligadas entre sí y cada empresa les otorga un énfasis específico, hay algunas enfocadas a elevar la productividad, otras a fortalecer la marca o a los resultados financieros.

La Ética es una variable relevante de las empresas, actúa horizontalmente porque incide en todos los niveles y áreas.

Sin embargo, también hay variables que actúan horizontalmente porque inciden en todas las áreas y en todos los niveles. Variables que cuando no se toman en cuenta, por su carácter horizontal, afectan la productividad, deterioran la imagen de la empresa e inciden directamente en la rentabilidad. La ética es una de estas variables.

Desde inicios de este siglo hemos sido testigos de grandes escándalos que, por una toma de decisiones que no contempla la ética, ha afectado la reputación de muchas empresas al grado de desaparecerlas, como el caso de Enron, la empresa energética más grande de Norteamérica, es el más famoso al respecto.

Enron es el caso de un gran corporativo que le afectó por un mal manejo de su ética empresarial. (FOTO: códigoF)

Enron es el caso de un gran corporativo efectado por un mal manejo de su ética empresarial. (FOTO: códigoF)

No obstante, la ética también puede ser un elemento estratégico en las empresas que puede ayudar a elevar la productividad, fortalecer la marca y aumentar la rentabilidad. ¿Cómo se puede aprovechar esta variable para nuestros laboratorios?

Sin pretender ser exhaustivo, mencionaré algunas reflexiones que pueden ayudar a empezar a ligar la ética con la operación en nuestros negocios:

Todo empieza en las alturas

La alta dirección es quien pone el tono ético en las empresas. Aunque se tengan elementos como un código de ética, sistemas de conformidad, controles, procesos bien definidos, etcétera, todo se vuelve irrelevante si la alta dirección no está convencida de hacer lo correcto. Ellos son la piedra angular que hará que todo el sistema funcione.

Las empresas son los hábitos de la alta dirección

Todos los hábitos que tenemos son adquiridos, nadie nace con ellos. Se adquieren por repetición de actos o por imitación de quien se considera autoridad, así es como los niños los aprenden en casa. La autoridad en las empresas la representan los dueños y la alta dirección, por tanto, los hábitos que ellos tengan se permearán en toda la organización de una manera natural. Recordemos que hay dos tipos de hábitos: las virtudes y los vicios. Los primeros inciden positivamente en el desarrollo de las personas; los segundos impiden y bloquean este desarrollo. ¿Es consciente su laboratorio o empresa de qué hábitos tiene? ¿Están desarrollando y cultivando esos hábitos alineados con la estrategia? ¿Es posible que esos hábitos o prácticas comunes dificulten el alcance de los objetivos?

Todos los elementos dentro de la empresa suman

Recuerdo haber escuchado de un responsable de conformidad a nivel mundial en la industria financiera decirnos que él no podía estar detrás de cada empleado pidiéndole que hiciera lo correcto; pero lo que sí podía hacer es darles todos los instrumentos de la empresa para que ellos tomaran la decisión correcta. ¿Qué tantos elementos, en cuanto procesos y estructura, tienen nuestros empleados para tomar la decisión correcta? ¿Se cuenta con códigos de ética? ¿Sirven? ¿Son aplicables? ¿Hay buzones de denuncia o consulta o, en su caso, políticas de puertas abiertas para que los empleados puedan externar sus dudas o inconformidades? ¿Las políticas de contratación contemplan los principios y valores de las personas o sólo los aspectos técnicos? ¿Esos valores están alineados a los de nuestros laboratorios?

Las políticas de desempeño y promoción condicionan actitudes

Es muy cierta la frase: “Lo que mides es lo que obtienes”. El modo como premiamos el desempeño de nuestros colaboradores va condicionando sus acciones y actitudes; lo mismo que nuestras políticas de promoción. Hay que tener mucho cuidado de indicaciones como: “Me obtienes el número a costa de lo que sea”, o “No me importa cómo pero llegas al resultado.” Ése “a costa de lo que sea” o “no me importa cómo” es una puerta abierta a acciones no éticas. Se debe cuidar la obtención de los resultados por los medios adecuados, junto con las políticas de desempeño y promoción, ya que juegan un papel básico al respecto.

La capacitación es esencial para la alineación de estrategia y ética

No basta con tener todos estos elementos, hay que comunicarlos y asegurarnos de que todos los colaboradores entiendan lo que quiere la alta dirección y cuál es el rumbo de la organización. Los dilemas éticos serán constantes a lo largo de la operación del negocio, no basta una capacitación para lograr que nuestros colaboradores estén alienados a los valores y a la estrategia del laboratorio. La rotación en nuestra industria es alta, y la capacitación tiene que ser continua.

Finalmente, la transparencia es el contexto donde la operación de nuestros laboratorios se está desarrollando; conforme a este elemento las exigencias a nuestra industria serán cada vez más fuertes. Las empresas que más rápido se adapten al creciente contexto de transparencia serán aquéllas que aprovechen de mejor manera la confianza del mercado y de las autoridades.

Por: Mtro. Marco Iván Escotto Arroyo, Secretario Ejecutivo del CETIFARMA.