Como grupo, los fabricantes de medicamentos hemos hecho un buen trabajo en cuanto a responsabilidad ambiental. Por años hemos madurado nuestros procesos y elevado nuestra participación en iniciativas de sustentabilidad corporativa. Muchos de nosotros hemos abrazado la llamada “química verde” para guiar el desarrollo y producción de nuestros activos farmoquímicos; además contamos con exitosos programas de conservación de agua y energía que nos ayudan a reducir nuestra huella de carbono y a aminorar los gastos operacionales.

 

Muchos hemos abrazado la llamada “química verde” para guiar el desarrollo y producción de nuestros activos farmoquímicos.

 

Pero, ¿ahora qué? ¿cuál será el próximo nivel de sofisticación y reto de nuestra industria al tratar de mejorar nuestro desempeño ambiental? Hemos observado las “iniciativas verdes”, y analizado a diestra y siniestra cada aspecto: las nuevas son iniciativas más inteligentes que resuenan a través de la cadena de suministro, e incluyen la participación activa de clientes y pacientes, asegurando su contribución para reducir el impacto ambiental que tienen nuestras actividades productivas. He aquí algunos de los esfuerzos más progresistas:

Cuidando las emisiones de activos farmoquímicos

Preocupación por los desechos farmacológicos que genera la industria. (FOTO: códigoF)

Preocupación por los desechos farmacológicos que genera la industria. (FOTO: códigoF)

El tema de los fármacos en el ambiente (que algunos han denominado FEAs) ha ganado mucha atención mediática en los últimos años, la mayoría negativa. Afortunadamente, éste es un asunto que las asociaciones de la industria, los reguladores, los gobiernos del mundo y, especialmente, nosotros los manufactureros de fármacos tomamos muy en serio.

Nuestra mayor preocupación reside en la excreción de los ingredientes activos por parte de los consumidores, y la disposición de medicamentos sobrantes a través de los acueductos citadinos, particularmente en grandes metrópolis, como nuestra Ciudad de México. Los farmoquímicos activos que entran al ambiente a través de afluentes de manufactura farmacéutica, aunque un tanto menos preocupantes, también representan una fuente significativa de contaminación.

 

Los farmoquímicos activos que entran al ambiente a través de afluentes de manufactura farmacéutica, aunque un tanto menos preocupantes, también representan una fuente significativa de contaminación.

 

La solución proactiva a dicho problema está basada en el análisis de riesgos. Éste identifica niveles aceptables de concentración a mediano y largo plazo, para la presencia de cada sustancia farmoquímica en el subsuelo acuífero. Éstas son las llamadas “concentraciones de referencia ambiental” y “concentraciones máximas tolerables”, que deben cuantificarse a través de métodos tradicionales. Su interpretación se complementa con más información acerca de la toxicidad potencial de cada farmoquímico para los consumidores primarios del ecosistema (algas), los secundarios (peces y ranas), así como para los consumidores indirectos, como los mamíferos que se alimentan de peces.

Todos estos datos son considerados por una herramienta de modelaje predictivo que le permite al manufacturero establecer prioridades acerca de qué emisiones pueden manejarse efectivamente por cada una de sus facilidades. De esta forma, una empresa que opera dentro de determinados límites tolerables puede definir “descargas seguras” al medio ambiente.

Datos “verdes y fríos”

Las descargas al drenaje son asunto que preocupa a la Industria Farmacéutica. (FOTO: códigoF)

Las descargas al drenaje son asunto que preocupa a la . (FOTO: códigoF)

Actualmente, la industria depende en gran medida de los datos (información de diversa índole) almacenados en servidores distribuidos alrededor del mundo. Por otro lado, algunas empresas comienzan a prestarle atención al “enverdecimiento” de sus sistemas informáticos; en este caso, la respuesta es la virtualización de servidores.

Se trata de reducir el consumo de energía, además del impacto ambiental de los centros de gestión de datos que muchas empresas mantienen a través de los servicios de almacenaje (cloud) de internet. Los datos se migran de forma masiva al cloud y los servidores son sistemáticamente eliminados, esto deriva en ahorros reportados que rebasan 20% de consumo energético anual, en promedio.

Algunas empresas también han comenzado a optimizar la utilización de los servidores de los que no pueden prescindir, creando centros de acopio de datos que emplean equipos de más capacidad, alto rendimiento y mantenimiento a muy bajas temperaturas, lo cual genera ahorros e resultados favorables.

Las personas que estamos familiarizadas con los procesos de cualificación de un esterilizador industrial reconoceríamos de inmediato la validez en la detección de puntos fríos (en este caso, puntos calientes), la aplicación de mapas térmicos y los ajustes de flujo de aire. Éstos pretenden mejorar la consistencia de la entrega en temperaturas, cuya ventaja es el ahorro significativo de energía en el funcionamiento de estos centros de almacenaje de datos en grandes proporciones.

Además de verde, blanco…

Con un correcto análisis, los residuos que van al drenaje pueden ser tratados. (FOTO: códigoF)

Con un correcto análisis, los residuos que van al drenaje pueden ser tratados. (FOTO: códigoF)

La llamada “biotecnología blanca” es una solución sustentable de gran utilidad en casos donde la síntesis química de farmoquímicos resulta muy costosa o produce una huella de carbono muy alta. En estos procesos se utilizan microorganismos y enzimas de ocurrencia natural como vehículos para hacer más eficiente la producción de combustibles, alimentos, químicos a granel y, por supuesto, sustancias farmacéuticas.

La determinación para el uso de estas técnicas regularmente comienza con la comparación entre rutas de síntesis química y aquéllas de índole enzimática. Si la segunda resulta favorecida, entonces se trata de encontrar la fuente natural de la enzima en cuestión y determinar si su suministro y desempeño serán suficientemente confiables para convertirse en eje del proceso de síntesis del producto.

En algunos casos, nuestra industria ha sido capaz de resolver la secuencia de aminoácidos de una enzima de ocurrencia natural. Posteriormente, se ha producido la correspondiente secuencia de ADN y ésta se ha insertado en un microorganismo que entonces expresa la proteína (una isoenzima) de forma controlada, consistente y de la más alta calidad.

 

La llamada “biotecnología blanca” es una solución sustentable de gran utilidad en casos donde la síntesis química de farmoquímicos resulta muy costosa o produce una huella de carbono muy alta.

 

En consecuencia, la síntesis del farmoquímico se realiza de manera más limpia, con menos consumo de solventes y agua, y con emisiones más limpias. Incluso se ha demostrado que, en la mayoría de los casos, los productos de reacciones secundarias en estas síntesis enzimáticas pueden reciclarse, reduciendo aún más la huella de carbono, además de los gastos operacionales.

Aún hay más…

Todavía nos queda mucho por realizar. Es imposible hacerles justicia en estas líneas a las diversas e innovadoras soluciones sustentables que nuestra industria ha desarrollado a lo largo de los años. Nuestra intención ha sido exponer algunos los más novedosos acercamientos en atención al reto de la sustentabilidad; por ejemplo, mencionar que hay importantes iniciativas en progreso que pretenden dar solución al problema de los complementos de manufactura desechable recibidos y del reciclaje de éstos.

 

El reciclaje se perfila como un “ganar-ganar” para todas las partes implicadas.

 

En principio, creo que todos estaríamos de acuerdo en que el uso de equipo y sistemas desechables de manufactura farmacéutica representa una alternativa más amigable al medio ambiente que nuestras tradicionales plantas de acero inoxidable. No obstante, ¿que hacemos con estos desechos de proceso? Acumularlos en vertederos o incinerarlos, formas poco sustentables. Probablemente, éste es el mayor impedimento al uso generalizado de las tecnologías mencionadas. El reciclaje se perfila como un “ganar-ganar” para todas las partes implicadas.

Finalmente, ¿cómo olvidar los múltiples esfuerzos educativos, comunitarios o los que nos involucran a todos en nuestros sitios de trabajo? Esas acciones que abogan por la sustentabilidad, cuyo comienzo arranca en la planta o la oficina y continúa en casa, son las pequeñas victorias que todos disfrutamos cada día cuando logramos alguna reducción en nuestro consumo de agua o energía. Esas aportaciones se van sumando y de pronto, de forma colectiva, hemos contribuido a la sustentabilidad de nuestra industria, que es de todos.

Por: Raúl E. Díaz Lugo, Presidente de la Comisión de Operaciones y Manufactura de .