El pasado 10 de agosto, el presidente de los EE. UU., Donald Trump, firmó una Orden Ejecutiva con la intención de modificar el modelo de vacunación actual de esa nación, postura impulsada por el ministro de Sanidad, Robert F. Kennedy, reconocido activista antivacunas.

Entre las recomendaciones más importantes contenidas en el documento están las siguientes:

  • Reducir de 18 a 11 las vacunas recomendadas previamente por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en 2024.
  • Dividir la vacuna combinada contra el sarampión, las paperas y la rubéola en tres dosis individuales –una para cada enfermedad–, sugiriendo, además, administrar las vacunas en visitas médicas separadas.

Vale la pena comentar que, como ha venido ocurriendo, y sin tener sustento científico alguno, tanto Trump como Kennedy insisten en que la “epidemia” de autismo es consecuencia directa de las vacunas.

Para conocer la visión de la Asociación Mexicana de Vacunología sobre este tema, entrevistamos a su vocero, el Doctor Rodrigo Romero Feregrino.

–códigoF (CF): ¿Le parece razonable la propuesta de reducir de 18 a 11 la protección vacunal que actualmente reciben los infantes en los EE. UU.?

–Rodrigo Romero Feregrino (RRF): Más que hablar de si un número de vacunas es correcto o incorrecto, considero que cualquier modificación de un esquema nacional debe sustentarse en evidencia científica sólida. Hay que evaluar la epidemiología de cada enfermedad, la efectividad y la seguridad de las vacunas, las coberturas alcanzadas y el impacto esperado en salud pública. Los esquemas pueden evolucionar, pero las decisiones deben ser fundamentalmente técnicas, y el uso de las vacunas que hasta hoy tenemos han demostrado su eficacia por la disminución de enfermedades, complicaciones y muertes, así como la seguridad de cada vacuna que hoy utilizamos.

–CF: ¿Qué consecuencias cree que tendrá a corto, mediano y largo plazo reducir el número de enfermedades cubiertas por vacunas en los EE. UU.?

–RRF: Dependerá mucho de las coberturas que se mantengan y de la epidemiología de cada enfermedad. Si una modificación genera una reducción importante de la protección poblacional, podría aumentar el número de personas susceptibles y, eventualmente, favorecer la reaparición de enfermedades o brotes. Por eso es indispensable acompañar cualquier cambio con vigilancia epidemiológica y evaluación continua. Además, pueden aumentar las ideas erróneas sobre la vacunación, que hoy ya están extendidas en algunos lugares, esto puede aumentarlas.

– CF: ¿Reducir el número de enfermedades cubiertas por las 18 vacunas representa un buen ahorro financiero?

–RRF: No debe analizarse únicamente como el costo de adquirir y aplicar vacunas. Una evaluación económica adecuada debe incorporar también los costos de consultas, hospitalizaciones, tratamientos, secuelas, respuesta a brotes y pérdida de productividad. La vacunación es una intervención preventiva y su valor debe evaluarse considerando tanto los costos como los beneficios sanitarios y sociales. Porque no hay duda de que prevenir es mucho más barato que curar, lo podemos ver hoy con el brote de sarampión que estamos viendo en Norteamérica, y del que todavía no vemos todas las consecuencias.

–CF: ¿Es una buena estrategia dividir las vacunas que protegen a los infantes de tres enfermedades en dosis vacunales individuales por enfermedad, y con ello multiplicar las visitas al médico?

–RRF: No. Las vacunas combinadas tienen una ventaja programática importante: permiten proteger contra varias enfermedades en una visita, con menos inyecciones, y facilitan el cumplimiento oportuno de los esquemas. Si se plantea modificar esta estrategia, tendría que demostrarse científicamente que existe un beneficio que justifique aumentar el número de dosis o visitas, el cual, hasta donde yo tengo conocimiento, no existe. Lo importante es mantener seguridad, eficacia y oportunidad en la vacunación, que la vacuna triple viral que protege contra sarampión, rubéola y parotiditis lo ha demostrado durante muchos años y con mucha evidencia científica.

–CF: ¿Hay evidencia científica que respalde la aseveración de Donald Trump y su secretario de salud de que las vacunas ocasionan autismo?

–RRF: Hasta este momento, la evidencia científica disponible ha demostrado que no hay una relación causal entre las vacunas y el autismo. Es un tema que ha sido estudiado ampliamente durante décadas. Como médicos, debemos mantenernos abiertos a revisar nueva evidencia, pero nuestras recomendaciones tienen que sustentarse en la mejor evidencia científica disponible, así también deben de decidirse las políticas de salud pública de los países. Un estudio masivo que abarcó a más de 2.5 millones de niños, que se público hace algunas semanas, confirmó de forma categórica que no existe ninguna asociación ni vínculo entre el autismo y recibir la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola (triple viral o MMR).

–CF: Según Donald Trump, su postura alinea a los EE. UU. con otras naciones avanzadas y desarrolladas del mundo. ¿Es cierto?

–RRF: Existen diferencias entre los esquemas de vacunación de los países desarrollados, pero esas diferencias no significan necesariamente que un esquema sea mejor que otro. Cada país establece sus recomendaciones de acuerdo con su epidemiología, sistema de salud, disponibilidad de vacunas y prioridades sanitarias. Incluso la OMS reconoce esta flexibilidad. Por eso, más que comparar únicamente el número de vacunas, habría que analizar los criterios científicos que sustentan cada decisión.

–CF: ¿De qué manera impactará la postura antivacunas de la administración Trump en las acciones vacunales de otros países, particularmente del nuestro?

–RRF: Estados Unidos tiene una influencia importante en la conversación internacional sobre salud, por lo que seguramente estas decisiones generarán discusión en otros países. Para México puede ser una oportunidad para revisar y fortalecer nuestro propio programa, pero siempre a partir de nuestra realidad epidemiológica y de evidencia científica. Las políticas de vacunación de México deben responder a las necesidades de la población mexicana, y tenemos una oportunidad de volver a ser líderes en la vacunación en América, como lo fuimos hace varios años.

–CF: Recuérdenos cuantas y qué vacunas están actualmente incluidas en el esquema de vacunación recomendado por las autoridades sanitarias mexicanas, y cuáles recomienda incluir la AMV.

–RRF: México cuenta con un esquema amplio de vacunación a lo largo de la vida, con vacunas como BCG, hepatitis B, hexavalente, rotavirus, neumococo, influenza, SRP, DPT, VPH y COVID-19, además de las actualizaciones incorporadas por el Programa de Vacunación Universal como hepatitis A y Virus sincitial respiratorio.

Desde la Asociación Mexicana de Vacunología consideramos importante que el esquema continúe evolucionando conforme a la evidencia científica y a la epidemiología nacional. Hay vacunas como varicela, meningococo y dengue, así como nuevas herramientas para la prevención en adultos del herpes zoster, influenza, virus sincicial respiratorio más, cuya incorporación o ampliación debe analizarse técnicamente. El objetivo no debe ser tener más o menos vacunas, sino contar con las vacunas que México necesita y lograr coberturas adecuadas

–CF: ¿Algún comentario adicional que quiera compartir con los lectores de códigoF?

–RRF: La vacunación debe mantenerse fuera de la polarización política. Es válido revisar los programas, actualizarlos e incluso modificar recomendaciones cuando aparece nueva evidencia. Lo fundamental es que esas decisiones se sustenten en ciencia, epidemiología y evaluaciones de riesgo-beneficio. En vacunación no se trata de aplicar más o menos vacunas; se trata de aplicar las vacunas necesarias, a las personas indicadas y en el momento adecuado. Para cualquier duda, nos pueden contactar en www.vacunacion.org o en nuestras redes sociales como @vacunologia.

Por: Manuel Garrod, miembro del Comité Editorial de códigoF

Fuente

Rodrigo Romero Feregrino. (11 de agosto de 2026).
Entrevista.