Las conclusiones de un estudio muestran que el sexo masculino es un factor de riesgo de enfermedad grave y muerte por COVID-19.

La mayoría de las personas sabemos que la esperanza de vida de las mujeres es superior a la de los hombres, y que incluso sus posibilidades para superar una enfermedad de características similares es también mayor que las del sexo masculino, lo que de acuerdo con las estadísticas de mortalidad, también ocurre en el caso del COVID-19.

Las razones para ello, más allá de los hábitos de vida, los que tienden a ser más sanos entre las féminas, residen esencialmente en las diferencias inherentes a los sistemas inmunológicos entre ambos sexos, lo que postula el artículo: “Sex differences in immune responses”, publicado el 22 de enero pasado en la revista Science, bajo la autoría de los investigadores Takehiro Takahashi y Akiko Iwasaki, miembros del Departamento de Inmunología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale, y la última también del Instituto Médico Howard Hughes, en los EE. UU.

Uno de los párrafos más relevantes del estudio, asegura: “El envejecimiento está fuertemente asociado con un mayor riesgo de muerte en ambos sexos, pero en todas las edades por encima de los 30 años, los hombres tienen un riesgo de mortalidad significativamente mayor, lo que convierte a los hombres mayores en el grupo más vulnerable. Las diferencias de sexo están entrelazadas con diferencias en los roles de género socialmente y con factores de comportamiento, que también influyen en la incidencia y los resultados de COVID-19. Sin embargo, también existen posibles mecanismos biológicos de sesgo sexual masculino que afectan la gravedad de COVID-19, particularmente con respecto a las respuestas inmunes”.

Takahashi e Iwasaki aseguran que las diferencias sexuales van mucho más allá de los órganos sexuales y están presentes en todas las especies, extendiéndose a los sistemas fisiológicos, incluido el inmunológico, lo que provoca que ante las infecciones ocasionadas por diferentes patógenos, también haya respuestas inmunológicas, cursos de ruta y expectativas clínicas de la enfermedad diferenciadas por el sexo. Los investigadores concluyen que aunque el patrón depende de la edad y otros factores del paciente, la masculinidad está asociada con respuestas inmunitarias más bajas, con mayor susceptibilidad y/o vulnerabilidad a las infecciones.

“La activación de las células T en la fase temprana de la infección por SARS-CoV-2 es robusta incluso en pacientes mujeres mayores, mientras que los pacientes masculinos tienen una disminución significativa con la edad. Los pacientes masculinos con una activación deficiente de las células T en la fase temprana del inicio de la enfermedad tienen peores resultados de COVID-19, mientras que no se observa tal diferencia en las mujeres”. Science. Sex differences in immune responses.

Esta importante diferencia entre la calidad y oportunidad de respuesta del sistema inmunológico de las mujeres y los hombres reside, según los autores del estudio, en los cromosomas sexuales: en los que una sustancial cantidad de genes relacionados con la inmunidad están codificados en el cromosoma X, de los que las mujeres poseen un par a diferencia de los hombres que solamente tienen uno. Los investigadores aclaran que si bien es cierto que este cromosoma X extra está silenciado epigenéticamente (XCI), algunos genes críticos relacionados con la inmunidad, pueden escapar de XCI a las células, lo que sumado a una mayor expresión del factor regulador de interferón 5 (IRF5) en las féminas, conduce a respuestas más robustas de los interferones humanos tipo I (IFN), uno de los posibles mecanismos involucrados en la protección mejorada de las mujeres contra las infecciones virales, incluso entre pacientes mujeres mayores, versus pacientes masculinos de la misma edad.

“El envejecimiento induce una disminución en la proporción de células T vírgenes que es más prominente en los hombres, y las células B disminuyen después de los 65 años solo en ellos. Los machos tienen cambios abruptos y drásticos en el paisaje epigenético (estudio de los mecanismos que regulan la expresión de los genes sin una modificación en la secuencia del ADN) de sus células inmunes entre las edades de 62 y 64, y posteriormente los machos [sic] exhiben un fenotipo (características físicas y/o bioquímicas observables de la expresión de uno o varios genes) de inmunosenescencia (deterioro gradual del sistema inmune provocado por el avance natural de la edad) acelerada que se caracteriza por una mayor expresión de genes proinflamatorios innatos y una menor expresión de genes relacionada con la inmunidad adaptativa, que podría predisponer potencialmente los hombres mayores a la hiperinflamación y las respuestas inmunitarias adaptativas deficientes. Por el contrario, los cambios importantes en el panorama epigenético de las células inmunes ocurren en las mujeres de 5 a 6 años más tarde que en los hombres, y esta brecha corresponde en gran medida a las diferencias en la duración de la vida entre sexos”. Science. Sex differences in immune responses.

En el mismo contexto, los científicos, comentan que entre otros factores biológicos importantes, las hormonas sexuales son un factor de protección clave. En modelos de estudio de laboratorio con ratones infectados con SARS-CoV, se observó una mayor mortalidad en ratones machos, atribuible a las funciones protectoras del estrógeno, la hormona sexual femenina. Es muy interesante saber que los estudios en los que se utilizan varios tipos de células y modelos animales, la expresión de la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2), el receptor de entrada de la célula huésped para el SARS-CoV-2, está modulada por los estrógenos.

Al respecto, Takahashi y Iwasaki destacan la relevancia que tiene que los estudios de pacientes con COVID-19 incluyan información desagregada por sexo, lo que permitiría no solamente dilucidar la patogénesis diferencial de la enfermedad, sino también considerar las diferencias entre los sexos ante la vacunación o reinfección del SARS-CoV-2, abriendo la posibilidad a una comprensión más profunda de la enfermedad y el eventual desarrollo de mejores estrategias de tratamiento y prevención.

Por: Manuel Garrod, miembro del Comité Editorial de códigoF

Fuente:

Science. (25 de enero del 2020).
Sex differences in immune responses.