En términos generales, muchos de nosotros sabemos la gran eficacia que tienen los medicamentos opiáceos para inhibir el dolor, pero también estamos conscientes de los riesgos que su uso conlleva, lo que ha conducido a muchas personas a desarrollar una adicción, a pesar del elevado riesgo de sufrimiento y muerte que ello implica.
Es por eso que diferentes equipos de investigadores en todo el mundo llevan años buscando medicamentos analgésicos de alta potencia que, además de aliviar el dolor crónico, no conlleven, o cuando menos disminuyan drásticamente, los riesgos de adicción y fallecimiento por sobredosis, lo que ocurre con los opiáceos al disminuir la frecuencia cardíaca e inhibir la respiración.
“Los opioides son un amplio grupo de medicamentos dirigidos a aliviar el dolor que actúan sobre las neuronas cerebrales. Pueden elaborarse a partir de la adormidera, por ejemplo, en el caso de la morfina, o sintetizarse en un laboratorio, como el fentanilo. Otros opioides conocidos son la codeína, la hidrocodona, y la oxicodona, entre otros más. Los opioides se desplazan a través de la sangre, y se fijan a sus correspondientes receptores en las neuronas cerebrales, bloqueando los mensajes de dolor, e impulsar la sensación de placer”. Mayo Clinic
Entre los diferentes equipos de investigación, hay uno que desarrolló una terapia génica quimiogenética, dirigida a las neuronas sensibles a los opioides en la corteza cingulada (región cerebral clave involucrada en las dimensiones afectivas y motivacionales del dolor), utilizando un promotor sintético del receptor opioide μ para impulsar la inhibición. El equipo tomó como punto de partida la información publicada hace 20 años en la revista Nature sobre un grupo de personas en Pakistan que sorprendentemente no sentían dolor por una mutación casual del gen SCN9A.
En términos llanos, los científicos consiguieron “imitar” la acción analgésica de los opioides en ratones de laboratorio a los que se les había generado dolor crónico, con el objetivo de desarrollar una nueva estrategia terapéutica para el tratamiento del dolor que incida puntualmente en un grupo de neuronas de la corteza cingulada anterior; esto, con el objetivo de “silenciar” a las células cerebrales relacionadas con el sufrimiento, lo que permitiría altos niveles de analgesia con mínimos riesgos.
Si este procedimiento llega a buen término, los médicos tendrán a su alcance un método analgésico potente y seguro.
Como dato curioso, les comparto que en la trilogía Millennium, conocida en español como “Los hombres que no amaban a las mujeres”, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”, y “La reina en el palacio de las corrientes de aire”, del autor sueco Stieg Larsson, hay un sicario que no siente dolor, cuyo nombre es Ronald Niedermann. La razón por la que Niedermann no siente dolor es que padece una rara condición médica real llamada analgesia congénita (o insensibilidad congénita al dolor con anhidrosis, CIPA), un trastorno genético poco común que impide a la persona afectada sentir dolor físico. Después de la repentina muerte de Larsson, la trilogía fue continuada por el escritor y periodista también sueco, David Lagercrantz, quien escribió tres novelas no basadas en los borradores inconclusos de Stieg Larsson: “Lo que no mata te hace más fuerte”, “El hombre que perseguía su sombra”, y “La chica que vivió dos veces”. Si les gusta la novela negra, son una excelente opción de entretenimiento.
Por: Manuel Garrod, miembro del Comité Editorial de códigoF
Fuentes:
Nature. (7 de enero de 2026).
Mimicking opioid analgesia in cortical pain circuits.
Mayo Clinic. (26 de agosto de 2023).
¿Qué son los opioides y por qué son peligrosos?
MedlinePlus. (s.f.).
Opioides y trastorno por consumo de opioides.


