La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó sus primeras directrices específicas para el manejo integral de la obesidad en niñas, niños y adolescentes, ante un escenario en el que alrededor de 170 millones de personas de 5 a 19 años vivían con obesidad en 2024 y la prevalencia en este grupo se cuadruplicó desde 1990, al pasar de 2% a 8%.

La OMS define la obesidad como una enfermedad crónica y compleja caracterizada por una adiposidad excesiva que puede afectar la salud, relacionada habitualmente con una combinación de entornos obesogénicos, factores psicosociales y variantes genéticas. Las directrices buscan que su atención se organice desde los sistemas de atención primaria y considere también funcionamiento cotidiano, salud mental y calidad de vida.

Alimentación, actividad física y conducta forman la base del tratamiento

Tanto para población infantil como adolescente, la OMS recomienda una intervención multimodal estructurada que combine alimentación, actividad física y componentes dirigidos a modificar conductas.

En niñas y niños, este tratamiento debe considerar edad, estado de salud, preferencias alimentarias, contexto cultural, condición física y las necesidades y preferencias de cada paciente, además de involucrar directamente a madres, padres o cuidadores. La intervención debe ser supervisada por profesionales con conocimientos en nutrición, actividad física y cambio conductual.

La recomendación es clasificada como fuerte, aunque la calidad de la evidencia disponible es considerada muy baja. La OMS explica que los beneficios observados sobre peso, bienestar físico y calidad de vida suelen ser modestos, pero el balance general favorece este tipo de intervenciones y sus riesgos son limitados.

En adolescentes ocurre algo similar. La recomendación multimodal también es fuerte y contempla alimentación, actividad física y modificación de conductas como componentes centrales, además de aspectos como sueño, sedentarismo, herramientas digitales y participación de familiares, cuidadores, amigos o escuelas.

La OMS señala que estas estrategias pueden ir más allá de bajar de peso y favorecer aspectos como autoestima, imagen corporal, funcionamiento y prevención de complicaciones.

Las intervenciones deben adaptarse a cada niño y familia

Los documentos evitan plantear una dieta o rutina universal.

Para adolescentes, la intervención alimentaria debe tomar en cuenta edad, sexo, estado de salud, preferencias, frecuencia de comidas, educación nutricional, contexto cultural y las preferencias de la propia persona. Además, debe ser desarrollada y supervisada por personal con conocimientos de nutrición e involucrar a progenitores o cuidadores.

La OMS reconoce que las posibilidades reales de seguir una alimentación saludable también dependen del ingreso familiar, disponibilidad de alimentos, horarios de los cuidadores y condiciones del entorno.

En las intervenciones conductuales, pueden utilizarse herramientas como establecimiento de metas, automonitoreo, solución de problemas, estrategias motivacionales, terapia cognitivo-conductual y técnicas para manejar estrés, siempre adaptadas a la edad y necesidades particulares.

Para niñas y niños, la recomendación de incorporar intervenciones de cambio conductual es fuerte, aunque la evidencia disponible es de muy baja calidad. La OMS señala que este tipo de tratamiento suele ser mejor aceptado cuando incluye actividades prácticas, agradables y adaptadas a cada familia.

Actividad física debe integrarse a la vida cotidiana

La actividad física constituye otro componente recomendado de manera firme en ambos grupos.

Para niñas y niños, el plan debe adaptarse a edad, estado de salud, contexto cultural, intereses y preferencias, con participación de padres o cuidadores. La OMS señala que las actividades recreativas, accesibles y no competitivas pueden facilitar la participación.

En adolescentes, el documento recoge también la recomendación general de realizar en promedio al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada a vigorosa, principalmente aeróbica, además de incorporar actividades vigorosas y de fortalecimiento muscular y óseo al menos tres días por semana.

El tratamiento debe considerar además sueño y tiempo sedentario, aunque las propias directrices reconocen que todavía existe poca evidencia procedente de estudios controlados sobre cómo las modificaciones aisladas del sueño o sedentarismo cambian los resultados de la obesidad.

Salud digital puede complementar el tratamiento

Las nuevas guías incorporan también herramientas digitales como aplicaciones, videojuegos activos, dispositivos de monitoreo y otros sistemas tecnológicos.

En niñas y niños mayores de dos años, la OMS sugiere que estas herramientas puedan utilizarse como un componente adicional, bajo supervisión de padres o cuidadores y considerando cuánto tiempo se emplean diariamente, la actividad física, el sedentarismo y las condiciones individuales.

Se trata de una recomendación condicional sustentada en evidencia de muy baja calidad. Los estudios revisados encontraron efectos pequeños sobre variables como peso, índice de masa corporal y circunferencia de cintura.

La OMS también advierte que una intervención digital dirigida a aumentar actividad física debe distinguirse del tiempo recreativo sedentario frente a pantallas y considerar posibles efectos sobre sueño, aislamiento social y salud mental.

OMS desaconseja medicamentos para menores de 10 años

Una de las diferencias más claras entre ambas directrices aparece en el tratamiento farmacológico.

Para niñas y niños de 0 a 9 años, la OMS emite una recomendación fuerte en contra de utilizar medicamentos para tratar la obesidad.

El grupo que elaboró las directrices encontró poca evidencia sobre sus beneficios y riesgos en esta población. La revisión analizada no identificó ensayos en menores de seis años; entre los estudios con participantes de seis años o más, siete evaluaron metformina, y uno, liraglutida.

La OMS considera además la incertidumbre sobre los posibles efectos de estas intervenciones durante una etapa de crecimiento y desarrollo físico, fisiológico y mental.

Para esta población, el enfoque recomendado continúa siendo una intervención multimodal supervisada que combine alimentación, actividad física y modificación conductual con participación familiar.

Fármacos pueden considerarse en adolescentes con complicaciones

En adolescentes de 10 a 19 años, el planteamiento cambia.

La OMS sugiere considerar tratamiento farmacológico cuando existe obesidad acompañada de complicaciones y una intervención multimodal supervisada de al menos seis meses no ha conseguido los resultados esperados.

Entre las complicaciones consideradas aparecen diabetes tipo 2, hiperinsulinemia, resistencia a la insulina, hipertensión no controlada, alteraciones del metabolismo de lípidos, problemas en la acumulación de tejido adiposo y afecciones de salud mental.

El tratamiento farmacológico debe formar parte de una estrategia que continúe incluyendo alimentación, actividad física y modificación conductual y ser prescrito en un entorno multidisciplinario especializado, con evaluación del desarrollo físico y estabilidad psicológica, vigilancia de efectos adversos y seguimiento a largo plazo.

La OMS clasifica esta recomendación como condicional y señala que la calidad de la evidencia es baja.

Los estudios revisados incluyen medicamentos como semaglutida, liraglutida, metformina, orlistat y combinaciones como fentermina-topiramato. Las directrices reconocen que algunos pueden producir reducciones de peso o índice de masa corporal, pero mantienen incertidumbre sobre efectos adversos y resultados a largo plazo.

Cirugía bariátrica queda reservada para determinados adolescentes

La diferencia por edad también aparece en la cirugía.

La OMS no recomienda cirugía bariátrica ni dispositivos de pérdida o control de peso en niñas y niños menores de 10 años, debido a los riesgos potenciales sobre crecimiento, desarrollo, parámetros fisiológicos y salud mental.

En adolescentes, en cambio, puede considerarse cirugía bariátrica ante obesidad grave cuando una intervención multimodal estructurada de al menos seis meses no haya logrado suficiente mejoría.

La guía define este escenario como un índice de masa corporal para la edad superior a cuatro desviaciones estándar respecto de la referencia de crecimiento de la OMS, o superior a tres desviaciones estándar acompañado de complicaciones relacionadas con la obesidad.

La decisión debe realizarse en un servicio multidisciplinario especializado después de valorar desarrollo puberal, talla adulta final, estabilidad psicológica, hábitos de alimentación y actividad física. También requiere vigilancia de eventos adversos, seguimiento prolongado y participación informada del adolescente en las decisiones.

La recomendación para ofrecer cirugía en esos casos es condicional y se basa en evidencia de baja calidad. Para dispositivos destinados a pérdida o control del peso en adolescentes, la OMS concluyó que todavía no existe evidencia suficiente para emitir una recomendación.

Salud mental debe atenderse junto con la obesidad

Las directrices incorporan de forma repetida el bienestar emocional dentro de la atención.

Ansiedad, depresión, baja autoestima y desregulación emocional pueden influir sobre hábitos alimentarios, actividad física y participación social. Al mismo tiempo, niñas, niños y adolescentes con obesidad pueden experimentar estigmatización, discriminación y acoso.

Por esta razón, la OMS señala que el personal sanitario debe abordar tempranamente la obesidad y las condiciones de salud mental de manera conjunta, mediante estrategias inclusivas, adecuadas al desarrollo y con participación de la familia.

Los documentos también piden valorar el riesgo de trastornos de la conducta alimentaria durante las intervenciones nutricionales y considerar una referencia especializada cuando existan problemas concomitantes de salud mental.

La OMS advierte además que el incremento mundial de la obesidad infantil y adolescente no puede abordarse únicamente desde el consultorio.

Las nuevas directrices están diseñadas para orientar el tratamiento de quienes ya viven con obesidad, mientras la prevención requiere medidas que hagan más accesibles y asequibles los alimentos saludables y la actividad física.

Esto incluye intervenciones regulatorias y fiscales, políticas educativas, planificación urbana, transporte, protección social y entornos escolares saludables.

“La base de la atención de la obesidad en niños y adolescentes no es la medicina ni la cirugía, sino el acceso a apoyo integral que propicie una alimentación saludable, actividad física y un cambio conductual sostenible”, señaló la Dra. Luz María de Regil, directora del Departamento de Nutrición e Inocuidad de los Alimentos de la OMS.

Con este esquema, la OMS plantea que la atención de la obesidad infantil y adolescente se mantenga a largo plazo, considere salud física y mental y acompañe el desarrollo de cada paciente, en lugar de reducir el tratamiento únicamente a alcanzar una determinada cifra de peso.

Fuentes

Organización Mundial de la Salud. (2026, octubre 7).
La OMS publica las primeras directrices mundiales sobre obesidad en niños y adolescentes

Organización Mundial de la Salud. (2026, octubre 7).
WHO guidelines on the integrated management of obesity in children.

Organización Mundial de la Salud. (2026, octubre 7).
WHO guidelines on the integrated management of obesity in adolescents.

Organización de las Naciones Unidas. (2026, octubre 7).
La obesidad infantil se cuadruplica: nuevas directrices no recomiendan medicamentos para menores de 10 años.

Poy Solano, L. (2026, octubre 22).
OMS llama a evitar fármacos para bajar de peso en menores de edad. La Jornada.