El melanoma acral, una forma de melanoma que aparece en palmas, plantas y región subungueal, sigue siendo un “punto ciego” en investigación genómica global, pese a su peso relativo en poblaciones no europeas. Un estudio publicado en Nature analizó tumores de pacientes mexicanos y encontró vínculos entre ancestría genética, mutaciones clave y perfiles de expresión génica asociados con recurrencia y supervivencia.

En México, este subtipo concentra una proporción especialmente alta de casos, y en el país se ha descrito como un melanoma que puede manifestarse como “una mancha irregular y oscura” en palmas, plantas y bajo las uñas. Desde la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el equipo del Laboratorio Internacional de Investigación sobre el Genoma Humano (LIIGH), con autoras como Patricia Basurto-Lozada (primera autora) y Carla Daniela Robles-Espinoza (autora senior), participó en el trabajo.

Qué se investigó y por qué importa

El estudio parte de una característica central: se trata de un melanoma que aparece en zonas que normalmente no están expuestas al sol, por eso se distingue de los melanomas más comunes ligados a radiación ultravioleta. En el contexto global, se trata de un subtipo poco común: en 2022 se reportaron más de 330,000 diagnósticos de melanoma en el mundo, y el melanoma acral suele estimarse en torno a 1–3% del total; sin embargo, en muchas poblaciones con ancestría indígena americana, asiática y africana llega a representar la mayoría de diagnósticos de melanoma. En el marco del trabajo, la pregunta central fue cómo se comporta este tipo de tumor en una población latinoamericana y qué papel puede tener la mezcla de ancestrías en su biología.

Además, el artículo subraya que la investigación genómica del cáncer ha tenido una representación baja de muestras latinoamericanas, lo que limita la posibilidad de entender bien ciertos subtipos y sus variaciones.

Muestra analizada y panorama clínico

El estudio caracterizó 123 tumores de 92 pacientes mexicanos atendidos en un hospital de referencia. En los casos con genotipado disponible, la mayoría presentó ancestría predominantemente amerindia (mediana 81%), con contribuciones medianas europea (13.6%) y africana (2.5%). La cohorte tuvo mediana de edad de 60 años y 59% fueron mujeres; el pie (sobre todo la planta) fue el sitio primario más común.

En el contexto mexicano, se ha señalado que este subtipo suele diagnosticarse en etapas más avanzadas, con mayor profundidad, y con peor pronóstico relativo en comparación con otros subtipos.

En paralelo, desde la UNAM se ha insistido en que todavía hay mucho por aclarar en este subtipo. Patricia Basurto lo expresó así: “Desconocemos sus causas y por ello este padecimiento no cuenta con tratamientos específicos. Se le ha investigado poco porque en Europa y Estados Unidos se considera raro por su baja incidencia”.

Hallazgos genómicos centrales

El estudio encontró que, en esta cohorte mexicana, varios de los cambios genéticos típicos del melanoma “más común” aparecen con menor frecuencia. En cambio, observaron variaciones que ayudan a entender por qué no todos los casos se comportan igual.

Uno de los puntos más relevantes fue la relación entre ascendencia y ciertos cambios del tumor. Daniela Robles, coordinadora del LIIGH-UNAM, lo planteó así: se halló que “uno de los genes principales que muta y favorece el desarrollo del tumor varía según la ascendencia o ancestría de la persona (europea, amerindia, africana, entre otras)”. Esto se conectó con un resultado puntual del estudio: las personas con mayor proporción de ancestría europea mostraron más probabilidades de tener mutaciones en BRAF, un gen que suele guiar el uso de ciertas terapias cuando está alterado.

Señales de “origen” y el retrato transcriptómico

Además de revisar cambios genéticos, el estudio identificó tres grupos de tumores según su “firma” biológica (en pocas palabras: patrones de actividad interna del tumor):

  • Clúster 1: módulo epidermal/inmune (queratinas y citocinas), asociado a rasgos clínicos menos agresivos; en la lectura divulgativa del hallazgo, los tumores con mayor señal inmune se asociaron con mejores desenlaces.

  • Clúster 2: firma mitótica/proliferativa (incluye genes de pigmentación y división celular), vinculada con recurrencia y peores resultados.

  • Clúster 3: genes ligados a respiración/fosforilación oxidativa; descrito como un grupo con resultados más variables.

Tratamiento y por qué estos datos importan

En términos clínicos, la atención del melanoma depende mucho de la etapa: “En fase temprana sólo requiere cirugía para removerlo y, en ocasiones, se extraen los ganglios afectados. Si está avanzado o hay metástasis, se buscan las expresiones genéticas para saber si la persona es candidata a tratamientos como inhibidores de BRAF o inmunoterapia”. La idea de fondo del estudio es que entender mejor qué subgrupo tiene cada paciente y qué cambios genéticos presenta puede ayudar a afinar decisiones clínicas y a diseñar mejor la investigación terapéutica.

El trabajo refuerza dos implicaciones directamente sustentadas en el texto: primero, el melanoma acral no es “uno solo”, sino que puede agruparse en subtipos biológicos con comportamientos distintos; y segundo, en poblaciones como la mexicana, la ascendencia genética se asocia con diferencias en algunos cambios del tumor, lo que refuerza la necesidad de generar evidencia con muestras diversas.

Fuentes:

Nature. (2026, febrero 18).
Ancestry and somatic profile indicate acral melanoma origin and prognosis.

Baum, S. (2026, febrero 18).
Largest study of rare skin cancer in Mexican patients shows that it is more complex than previously thought. MedicalXpress.

Saavedra, D. Valencia, D. (2026, febrero 19).
Estudio clave para entender el desarrollo de un tipo de cáncer de piel en México (melanoma acral) y seleccionar su tratamiento. Gaceta UNAM.

Dirección General de Comunicación Social UNAM. (2026, febrero 18).
Hallazgo de la UNAM, clave para conocer el desarrollo de cáncer de piel en México.