Sin poner en tela de juicio ni pretender restar el valor de oportunidad que nos ofrecen las pruebas rápidas para el prediagnóstico de múltiples enfermedades, vale la pena detenernos a considerar si en algunos casos no estamos sacrificando precisión por velocidad.

Al respecto, el doctor Alok S. Patel, Profesor clínico adjunto, Departamento de Pediatría, Stanford Children’s Health, Palo Alto, California, Estados Unidos, declaró: “Me encantan las pruebas rápidas. Todas las pruebas en el punto de atención (POC, por sus siglas en inglés) que utilizo en el trabajo hacen que mi flujo de trabajo sea mucho más fluido. Los pacientes obtienen los resultados de las pruebas en aproximadamente una hora, en un lugar cómodo —como la clínica, la farmacia o incluso en sus propios hogares— y, a continuación, podemos iniciar el tratamiento o el manejo de inmediato”.

Sin embargo, hay que hacer algunas distinciones relevantes a considerar.

La primera es que hay que diferenciar las pruebas rápidas y las pruebas en el punto de atención, porque la precisión en ocasiones se ve sacrificada por la velocidad de respuesta, y en medicina esto puede ser riesgoso.

Las pruebas en el punto de atención son aquellas pruebas rápidas que pueden realizarse junto a la cama del paciente, como las pruebas i-STAT*, y ofrecen resultados de forma casi inmediata, rapidez que puede ser el factor que permita salvar una vida.

Las pruebas rápidas representan una categoría más amplia. Estas pruebas dan resultados en pocos minutos o hasta en una hora, y cubren desde pruebas de infecciones respiratorias, pruebas de anticuerpos, de embarazo y tiras reactivas de orina, hasta pruebas metabólicas, entre muchas otras más.

*Las pruebas i-STAT son análisis de sangre rápidos y portátiles que proporcionan resultados con calidad de laboratorio en cuestión de minutos. Utilizadas principalmente en emergencias y cuidados críticos. Requieren solo unas gotas de sangre directamente del paciente y se procesan al lado de su cama. Aclaro que los equipos para realizarlas no están a la venta del público en general.

La letra pequeña es importante

Lo primero que hay que considerar es la precisión, lo que plantea las importantísimas diferencias entre sensibilidad y especificidad, y hace necesario aplicar el criterio clínico estricto para las pruebas rápidas, ya que la precisión puede variar considerablemente entre unas y otras, como lo muestra la tabla que les comparto.

Prueba

Tipo

Sensibilidad

Especificidad

Notas clínicas

COVID (en casa)

Antígeno

50 %-85 %

~99 %

Buena confirmación, débil exclusión en fase temprana

Estreptococo

Prueba rápida de antígenos

80 %-90 %

Alta

Fiable, pero pasa por alto algunos casos

Gripe

Prueba rápida de antígenos

50 %-70 %

~99 %

Menos falsos positivos

VIH

OraQuick

~92 %

~99 %

Buen rendimiento general

Nota: Los rangos reflejan la variabilidad según el fabricante y el momento de la prueba.

Es necesario reconocer que el costo unitario inicial de una prueba rápida es casi siempre inferior al de las pruebas de laboratorio, y aunque esto es sumamente relevante en el aspecto financiero, hay que considerar el elevado costo que podría llegar a significar para la salud de un paciente un diagnóstico impreciso o, de plano, incorrecto.

El tema es que las pruebas rápidas ejecutadas por los mismos pacientes o por algún familiar o cuidador no siempre se hacen con el cuidado debido, ni atendiendo a las indicaciones necesarias para garantizar su pleno rendimiento. Es necesario considerar que las pruebas rápidas son, metafóricamente hablando, la foto fija de un momento específico, que no pueden compararse con la visión clínica de un médico que es un largometraje que integra antecedentes, exploración física y contexto epidemiológico.

Por otra parte, los resultados de estas pruebas rápidas, que podrían llegar a ser en algunos casos inexactos, llevarán al paciente a tomar la decisión equivocada de no acudir con su médico, dejando de lado toda la experiencia clínica del profesional, con los riesgos que esto conlleva.

Es fundamental no apoyar las decisiones de nuestra salud exclusivamente en los resultados de las pruebas rápidas; no confiar en el resultado al 100 % sin corroborarlo con nuestro médico, y, por supuesto, no autoprescribirnos un tratamiento que podría ser innecesario o incluso perjudicial.

En conclusión, la rapidez es sin lugar a dudas un poderoso aliado, pero la certeza clínica sigue siendo el pilar de la buena medicina.

Por: Manuel Garrod, miembro del Comité Editorial de códigoF

Fuentes

Medscape. (19 de mayo de 2026).
Rapid Tests: What We Gain in Speed, We Risk in Certainty.