“La optogenética ofrece oportunidades para mapear el cerebro de una manera que antes solo podíamos soñar”. Per Svenningsson, presidente del Comité Nobel de Fisiología o Medicina
Ayer, 5 de octubre, los miembros de la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska otorgaron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 en partes iguales al doctor en Filosofía y doctor en Medicina Karl Deisseroth, al doctor en bioquímica Peter Hegemann y al doctor en fisiología molecular vegetal Georg Nagel.
Este importante reconocimiento premia los hallazgos realizados por estos admirables investigadores, gracias a cuya complementariedad se desarrolló la optogenética. El descubrimiento nos permite una comprensión radicalmente diferente del cerebro, lo que nos encaminará a develar cada vez con mayor precisión uno de los grandes misterios de la humanidad: cómo funciona este increíble órgano.
Es necesario comentarles que esta saga investigativa que alcanza una primera parada en el Premio Nobel de Fisiología o Medicina comenzó a finales de los 80 y principios de los 90, cuando Nagel y su colega Peter Hegemann estudiaban un alga verde unicelular llamada Chlamydomonas reinhardtii. Esta investigación se prolongó durante la década de los 90 buscando entender cómo esta diminuta alga lograba detectar la luz y nadar hacia ella (fototaxia) sin tener un sistema nervioso ni un ojo complejo. La sorprendente capacidad de esta alga de dirigirse hacia la luz dependía de una proteína extraordinaria: la canalrodopsina.
A partir de ese descubrimiento, Karl Deisseroth transformó esta proteína en un interruptor activado por luz para las células nerviosas, algo que sin lugar a dudas dará un impulso revolucionario total a la neurociencia.
Al introducir el gen de la canalrodopsina en las células nerviosas e iluminarlas con luz azul, se activa una señal nerviosa, permitiendo mapear detalladamente qué zonas específicas del cerebro intervienen en diferentes funciones y emociones.
En este punto, vale la pena precisar que desde hace tiempo los especialistas sabían qué áreas del cerebro participaban en determinadas funciones, pero desconocían las relaciones causales de las mismas, lo que ahora podrá ser determinado con absoluta precisión. La optogenética (guarden este nombre en su memoria) permitirá a los investigadores develar a detalle los circuitos neuronales que rigen recuerdos, sentimientos y comportamientos específicos, relacionados con diversos trastornos neurológicos y psiquiátricos.
Cierro esta nota con un homenaje a la investigación pura: la que se hace por el placer de entender, sin buscar una aplicación inmediata, pero cuyos hallazgos, a veces años o décadas después, se convierten en aplicaciones clínicas de alto valor para la humanidad.


