No duele, no se ve, y muchas veces no se sospecha. Así es el cáncer de riñón, una enfermedad silenciosa que hoy representa uno de los desafíos más urgentes en la atención oncológica de nuestro país.

Más del 60% de los casos de cáncer renal en México se detectan en etapas avanzadas, y más del 50% de los pacientes fallecen a causa de esta enfermedad. A pesar de que existen tratamientos eficaces, como la inmunoterapia, muchos pacientes no acceden a ellos, ya sea por desconocimiento, diagnóstico tardío o barreras en el sistema de salud.

En el conversatorio “Más fuertes que el cáncer renal: La vida sí lleva filtros”, organizado por la Asociación Mexicana de Lucha contra el Cáncer (AMLCC), médicos especialistas, pacientes y representantes de asociaciones coincidieron en un punto clave: se necesita un modelo de salud que mire al paciente como un todo, que le hable claro, lo escuche y lo acompañe desde el primer diagnóstico.

El enemigo silencioso

El cáncer renal representa entre el 1 y 3% de todos los tumores, pero ocupa el lugar número 11 en frecuencia en México, según el Observatorio Global del Cáncer (GLOBOCAN). Lo preocupante es que puede pasar desapercibido durante meses, incluso años. Muchos pacientes no presentan síntomas hasta que la enfermedad ya está en etapa avanzada.

Cuando aparecen, los signos pueden ser tan vagos como cansancio extremo, pérdida de peso sin razón aparente, dolor en la espalda baja o sangre en la orina. Sólo 2 de cada 10 pacientes son diagnosticados de forma temprana. La mayoría recibe la noticia cuando la enfermedad ya se ha extendido.

Las proyecciones no son alentadoras; la Organización Mundial de la Salud estima que para el año 2040 la incidencia del cáncer de riñón podría aumentar entre un 50 y 70%, mientras que las muertes por esta causa crecerían hasta en un 60%.

Mucho más que una cirugía

Combatir el cáncer renal no se trata sólo de atacar el tumor, la nutrición, la fisioterapia y el apoyo emocional son igual de importantes para sostener al paciente durante el tratamiento.

La especialista en nutrición oncológica, Ivette Sandoval, subrayó que una dieta antiinflamatoria, personalizada y bien estructurada puede fortalecer el sistema inmune, prevenir la pérdida de masa muscular y mejorar la calidad de vida. Recomendó un aporte de entre 25-30 kcal/kg/día y de 1 a 1.2 g de proteína por kilo de peso.

Por su parte, la fisioterapia oncológica es un pilar poco explorado pero muy necesario: 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico (o 75 minutos vigorosos), sumados a sesiones de fuerza dos veces por semana, ayudan a preservar la movilidad, reducir la fatiga y mejorar el estado de ánimo, aseguró la fisioterapeuta Perla Santana.

El componente emocional también resulta imprescindible en los pacientes. El diagnóstico de cáncer desata una avalancha de emociones difíciles de procesar, por eso Margarita Giraldi, psicoterapeuta, resaltó la importancia de integrar el acompañamiento psicológico desde el inicio del tratamiento, no sólo para el paciente, sino también para sus cuidadores.

Además, es necesario vigilar los efectos secundarios del tratamiento: náuseas, diarrea, pérdida de apetito, fatiga o síndrome palmar-plantar. La experta en farmacovigilancia, Sheila Martínez, explicó que estos efectos no deben minimizarse, y que tanto pacientes como médicos deben reportarlos para ajustar el tratamiento y mejorar la experiencia terapéutica.

Cada paciente, una historia

Algunos pacientes hablaron del miedo, otros de la falta de respuestas, y muchos de sentirse abandonados por un sistema que no siempre los ve con humanidad.

Los especialistas coincidieron en que no hay un protocolo único para todos, cada caso es diferente, cada cuerpo reacciona distinto y cada persona vive su enfermedad desde una perspectiva emocional, física y social única.

Por eso se insistió en la necesidad de modelos de atención integral, donde las decisiones clínicas se tomen con empatía y los equipos médicos trabajen en conjunto: oncólogos, nutricionistas, fisioterapeutas, psicólogos y asociaciones civiles.

El llamado es claro

Visibilizar el cáncer de riñón, educar sobre sus síntomas, fomentar su detección oportuna y garantizar acceso real al tratamiento son acciones urgentes. 

El cáncer de riñón ya no puede seguir siendo invisible, ya que cuando se detecta a tiempo y se atiende con enfoque integral, la diferencia no sólo se nota, se siente.

Por: Andrea Landeros