Los octágonos negros colocados en alimentos y bebidas industrializados ya forman parte de los criterios que buena parte de la población mexicana toma en cuenta antes de comprar. Un análisis del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) encontró que ocho de cada 10 adultos consideran relevante al menos una de estas advertencias, aunque su atención se concentra principalmente en el contenido de azúcar, y persisten diferencias importantes según la edad, escolaridad, lugar de residencia y condición de salud.

Ocho de cada 10 toman en cuenta alguna advertencia

El estudio «Perceived importance of warning labels among Mexican adults with non-communicable diseases», elaborado por especialistas del Centro de Investigación en Nutrición y Salud del INSP, y publicado en Salud Pública de México, analizó información de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) 2021.

La muestra final estuvo integrada por 7 mil 304 personas de 20 años o más, que representan alrededor de 68.4 millones de adultos mexicanos al aplicar los factores de expansión de la encuesta. De ese grupo, 40.3% autorreportó al menos una enfermedad no transmisible: 18.7% dislipidemia, 17.4% obesidad, 16.8% hipertensión y 11% diabetes mellitus tipo 2.

En total, 80.9% señaló como importante alguno de los cinco sellos al decidir la compra de un producto; 4.7% afirmó dar importancia a todos y 14.4% respondió que a ninguno.

La valoración, sin embargo, no fue uniforme. Entre las personas con obesidad, 83.4% dijo considerar alguna advertencia, mientras que el porcentaje descendió a 76.2% entre quienes reportaron hipertensión y a 75.3% entre las personas con diabetes tipo 2.

El azúcar concentra la mayor atención

De los cinco octágonos establecidos en el etiquetado frontal mexicano, el de “Exceso de azúcares” fue el que alcanzó la mayor probabilidad ajustada de ser considerado el más importante, con 35.4%.

Le siguieron “Exceso de grasas saturadas”, con 14.8%, y “Exceso de calorías”, con 14.6%. Mucho más abajo quedaron “Exceso de grasas trans”, con 9%, y “Exceso de sodio”, con apenas 7.1%.

La relación más clara entre una enfermedad y una advertencia apareció entre las personas con diabetes tipo 2. En este grupo, la probabilidad ajustada de colocar al sello de exceso de azúcares como el más importante alcanzó 46.2%, frente a 34.2% entre quienes no reportaron ese diagnóstico. La diferencia fue de 12.1 puntos porcentuales y resultó estadísticamente significativa.

Los autores sintetizan el hallazgo de esta manera: “Los octágonos del EFA son considerados en las decisiones de compra en México, con variaciones en su importancia percibida según el nutriente y la condición de salud, particularmente entre adultos con DM2.”

El punto débil: la advertencia sobre sodio

Uno de los resultados que más llama la atención aparece entre las personas con hipertensión. Aunque el exceso de sodio está directamente relacionado con el aumento de la presión arterial, el estudio no encontró una diferencia estadísticamente significativa en la prioridad que este grupo concede al sello correspondiente.

La probabilidad ajustada de elegir “Exceso de sodio” como la advertencia más importante fue de 9% entre las personas con hipertensión, frente a 6.8% entre quienes no reportaron esa condición. La diferencia, de 2.2 puntos porcentuales, no alcanzó significancia estadística.

Los investigadores plantean que una de las posibles explicaciones es la dificultad de parte de la población para distinguir entre los conceptos de sodio y sal. Esta brecha de conocimiento podría limitar tanto el autocuidado de quienes ya viven con hipertensión como la capacidad del etiquetado para comunicar determinados riesgos nutricionales.

El trabajo también encontró que las personas con diabetes e hipertensión concedieron menor importancia al sello de grasas trans que quienes no reportaron esas enfermedades, otro indicio de que no todas las advertencias se asocian con la misma facilidad a sus consecuencias para la salud.

Edad, escolaridad y lugar de residencia también hacen diferencia

Los resultados muestran que la atención a los sellos cambia de manera considerable entre distintos sectores de la población. 85.4% de las personas de 20 a 29 años dijo considerar alguna advertencia al comprar, proporción que cayó a 67.1% entre quienes tenían 60 años o más.

La escolaridad también marcó una brecha: el indicador alcanzó 87.3% entre quienes cursaron preparatoria, mientras que entre las personas con primaria o menor escolaridad se ubicó en 70%.

Por territorio, Ciudad de México registró la mayor proporción, con 92.4%, frente a 57.9% en la región Península. En localidades urbanas, 82.4% tomó en cuenta alguna advertencia, comparado con 75.1% en zonas rurales.

Para los investigadores, estas diferencias son relevantes porque pueden implicar que algunos grupos con mayores obstáculos para acceder o interpretar información nutricional estén aprovechando menos la política de etiquetado.

Considerar un sello no significa necesariamente comprar menos

El propio artículo advierte que declarar que una etiqueta es importante no equivale a demostrar un cambio efectivo en las compras o en la alimentación. Esa es una de las principales limitaciones del análisis, pues la Ensanut preguntó por la percepción de las advertencias y no siguió el comportamiento posterior de cada consumidor.

Ese matiz coincide con los datos adicionales citados en los materiales de referencia: un estudio de ACSI Research sobre hábitos de consumo en 2025 señaló que alrededor de la mitad de las personas consultadas mantenía sin cambios su consumo de productos con octágonos; 31.7% afirmó haberlo reducido, 11.1% dijo haberlo incrementado y 6.7% no tenía certeza sobre algún cambio.

Por ello, el reconocimiento visual de una advertencia puede ser sólo el primer paso: su impacto final depende también de que las personas comprendan el riesgo señalado y traduzcan esa información en decisiones sostenidas.

Los resultados respaldan al etiquetado frontal como una herramienta capaz de hacer visibles los nutrientes críticos en un país con una elevada carga de diabetes, obesidad, hipertensión y otras enfermedades no transmisibles. Al mismo tiempo, las diferencias encontradas muestran que colocar una advertencia en el empaque no garantiza por sí solo que todos los consumidores comprendan de igual manera el riesgo que representa.

La baja prioridad concedida al sodio, particularmente entre personas que viven con hipertensión, refuerza la necesidad de acompañar los octágonos con campañas de información, educación nutricional y estrategias específicas para poblaciones con mayores barreras de comprensión. El alcance público de la política está sujeto a que los sellos sean vistos, para que su significado pueda convertirse en decisiones alimentarias más informadas y, eventualmente, exista una reducción de los riesgos asociados con las enfermedades crónicas.

Fuentes

Secretaría de Salud. (2026, agosto 6).
210. Más del 80% de las y los adultos mexicanos con enfermedades crónicas considera importante el etiquetado frontal al comprar alimentos.

Instituto Nacional de Salud Pública. (2026, junio 18).
Perceived importance of warning labels among Mexican adults with non-communicable diseases.
Salud Pública de México.

Arellano, C. (2026, agosto 7).
Sellos alimenticios pesan entre enfermos crónicos. La Razón de México.