Aunque en México la esperanza de vida ha aumentado en las últimas décadas, ese avance no se ha traducido en una mejora equivalente en las condiciones de salud de la población. Esa es una de las conclusiones expuestas por Marcela Agudelo Botero, coordinadora y profesora del Centro de Investigación en Políticas, Población y Salud de la Facultad de Medicina de la UNAM, durante una sesión del seminario Determinantes Urbanas de la Salud y el Bienestar. A partir de estudios sobre carga de enfermedad, desempeño del sistema de salud y diferencias territoriales, la académica planteó que en el país no solo importan los años que se viven, sino también la forma en que se viven, con marcadas desigualdades entre entidades, entre hombres y mujeres, y entre grupos sociales con distintas condiciones de acceso a servicios.
Más años de vida, pero con rezagos en salud
De acuerdo con los datos presentados, entre 1990 y 2019 la esperanza de vida en México creció alrededor de 6.7 por ciento. Sin embargo, el aumento de la esperanza de vida ajustada por salud fue menor, de 6.4 por ciento, lo que revela un desfase entre vivir más y vivir mejor. En otras palabras, una parte importante de esos años adicionales se sigue atravesando con enfermedad, discapacidad o limitaciones funcionales.
Agudelo Botero resumió esa contradicción con una frase contundente: “Se vive más, pero no con mejor salud”. La investigadora subrayó además que esta situación no se distribuye de manera uniforme en el territorio. Mientras algunas entidades han logrado avances más sostenidos, otras mantienen rezagos que profundizan las disparidades en longevidad y en años de vida saludable.
El mapa de la desigualdad también se expresa en la esperanza de vida
Un archivo estadístico compartido, elaborado con base en series del INEGI de 2010 a 2026, permite ver con mayor detalle esas diferencias. A nivel nacional, la esperanza de vida total pasó de 74.3 años en 2010 a 75.9 en 2026, pero el comportamiento no es homogéneo entre estados. Para 2026, Nuevo León aparece con 78.1 años, mientras Chiapas se ubica en 73.4 y Guerrero en 73.5, lo que muestra una brecha territorial persistente. La serie también deja ver una caída importante en 2020, cuando el promedio nacional descendió a 68.9 años, antes de iniciar una recuperación posterior.
Las diferencias por sexo también son consistentes. En 2026, la esperanza de vida nacional estimada para las mujeres fue de 79.2 años, frente a 72.7 para los hombres. En entidades como Chiapas y Guerrero, la distancia entre ambos supera los 6.5 años, lo que coincide con la observación de que las desigualdades no solo se expresan entre territorios, sino también entre sexos.
Un sistema que no logra cerrar las brechas
En su exposición, la académica advirtió que los indicadores de acceso y calidad de la atención muestran avances generales, pero insuficientes y desiguales. El índice que mide el desempeño de los sistemas de salud a partir de muertes evitables sugiere, según los datos revisados, que México sigue enfrentando retos importantes tanto en la cobertura como en la calidad efectiva de los servicios. En ese contexto, Agudelo sostuvo que “el desempeño del sistema de salud no ha logrado reducir estas brechas, lo que indica limitaciones estructurales en el acceso y la calidad de la atención. No basta que haya los sistemas de salud, sino qué calidad prestan los servicios”.
La investigadora explicó que entre 1990 y 2021 han predominado en el país las enfermedades no transmisibles, aunque siguen coexistiendo con padecimientos transmisibles y con causas externas que han cobrado mayor peso, como homicidios, suicidios y lesiones por arma de fuego. Esa superposición de problemas obliga, señaló, a pensar en respuestas diferenciadas según el perfil epidemiológico y social de cada entidad, en lugar de aplicar soluciones homogéneas a realidades muy distintas.
Mujeres: más longevidad, más años con mala salud y mayor riesgo económico
La desigualdad de género atraviesa de manera clara este panorama. A escala nacional, las mujeres pasan una mayor proporción de su vida con problemas de salud o discapacidad. Datos indican que ellas viven 11.8 años de su esperanza de vida en condiciones desfavorables de salud, equivalentes a 15 por ciento del total, mientras que en los hombres esa cifra es de 8.8 años, es decir, 12.1 por ciento de su esperanza de vida.
Esa mayor longevidad tampoco garantiza bienestar económico en la vejez. Gabriela Luna Ruiz, economista del Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana, advirtió que las mujeres mayores enfrentan un riesgo más alto de pobreza debido a desigualdades acumuladas a lo largo de la vida. Trayectorias laborales interrumpidas o precarias, menor acceso a pensiones, menos ahorro y una carga desproporcionada de trabajo de cuidados terminan por traducirse en una vejez más vulnerable. Según explicó, muchas mujeres han priorizado históricamente el gasto destinado al hogar, la alimentación y el cuidado de otras personas por encima de su propia seguridad financiera, con efectos que se arrastran hasta edades avanzadas.
La necesidad de políticas diferenciadas
A partir de estos hallazgos, las especialistas coincidieron en que la respuesta pública no puede limitarse a ampliar la existencia formal de servicios de salud o a reconocer el envejecimiento de la población como una tendencia demográfica aislada. El reto, planteó Agudelo, consiste en diseñar políticas diferenciadas que respondan a los perfiles epidemiológicos y sociales de cada territorio. Al mismo tiempo, Luna Ruiz señaló la urgencia de fortalecer la inclusión financiera desde etapas tempranas y avanzar hacia un sistema nacional de cuidados que distribuya de forma más equitativa las responsabilidades.
El panorama descrito por los estudios y las series estadísticas apunta a un problema de fondo para la política pública mexicana: el aumento en la esperanza de vida no puede asumirse automáticamente como una señal de bienestar. Cuando los años adicionales se viven con enfermedad, discapacidad, menor acceso a servicios de calidad y mayor vulnerabilidad económica, el avance demográfico pierde parte de su promesa social.
La discusión, en ese sentido, rebasa el ámbito sanitario. Las brechas en salud, los años de vida no saludable y el mayor riesgo de pobreza en la vejez muestran que la desigualdad se acumula a lo largo de la vida y se expresa con particular fuerza en los territorios más rezagados y en las mujeres. Atender esa realidad exige mejorar, más que la cobertura, la calidad de la atención, la protección social y las políticas de cuidados, para que vivir más años también signifique vivirlos en mejores condiciones.
Fuentes
Mendoza Mora, V. (2026, abril 6).
Los mexicanos viven más, pero no con mejor salud. Gaceta UNAM.
Organización Panamericana de la Salud. (2022).
Esperanza de vida ajustada en función del estado de salud.
INEGI. (2026, enero 9).
Esperanza de vida al nacimiento por entidad federativa según sexo, serie anual de 2010 a 2026.
Cabadas, M. (2026, abril 7).
Envejecer en México siendo mujer; con mayor esperanza de vida y riesgo de pobreza: especialista. El Universal.


