México llega al Congreso Internacional sobre Obesidad 2026 con una discusión abierta sobre cómo reducir el exceso de peso desde las políticas públicas, la prevención escolar y la atención médica integral.

El encuentro, que por primera vez se realiza en la Ciudad de México, reúne del 15 al 17 de julio a especialistas, investigadores, profesionales de la salud, responsables de políticas públicas y organismos internacionales para revisar la evidencia más reciente sobre prevención, diagnóstico y tratamiento de la obesidad.

El contexto nacional es amplio. En México, 37 por ciento de los adultos vive con obesidad, una condición reconocida como enfermedad crónica, progresiva y multifactorial, relacionada con factores biológicos, genéticos, ambientales, sociales y comerciales.

Durante años, el abordaje público tendió a responsabilizar a las personas por sus decisiones individuales. Sin embargo, la evidencia actual apunta a un panorama más amplio: la obesidad no puede explicarse solo por voluntad personal, sino por los entornos donde la población come, se mueve, estudia, trabaja y accede a servicios de salud.

Escuelas, punto de partida para la prevención

En ese marco, la Organización Panamericana de la Salud y la Organización de los Estados Americanos presentaron los Lineamientos Regionales sobre Políticas de Alimentación Saludable y Actividad Física en Entornos Escolares, una guía técnica para que los países diseñen, implementen, monitoreen y evalúen políticas dirigidas a niñas, niños y adolescentes.

El documento plantea que las escuelas son espacios estratégicos para formar hábitos saludables desde edades tempranas. No se trata únicamente de cambiar menús o prohibir ciertos productos, sino de transformar el entorno escolar en un espacio donde la alimentación saludable y la actividad física formen parte de la vida cotidiana y del aprendizaje.

En la Región de las Américas, más de 30 por ciento de las personas de entre 5 y 19 años vive con sobrepeso. Además, la prevalencia de obesidad en este grupo se triplicó en las últimas tres décadas, al pasar de 5.6 por ciento en 1990 a 16.9 por ciento en 2022. Si no se aplican intervenciones efectivas, podría alcanzar 19.7 por ciento para 2030.

A esto se suma que más de 80 por ciento de adolescentes no realiza los 60 minutos diarios de actividad física recomendados por la Organización Mundial de la Salud.

Estas tendencias aumentan el riesgo de enfermedades no transmisibles, como diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión, cáncer y trastornos de salud mental.

Entornos escolares más saludables

Los lineamientos de OPS y OEA recomiendan promover entornos alimentarios escolares saludables, con acceso a alimentos nutritivos, agua potable y opciones que favorezcan dietas de mejor calidad.

También plantean fortalecer las políticas de adquisición y los programas de alimentación escolar, de modo que las compras públicas y los servicios de alimentos favorezcan productos saludables, frescos y culturalmente adecuados.

Otro eje es restringir la disponibilidad, promoción y publicidad de productos ultraprocesados y bebidas azucaradas en las escuelas. Esto responde a una realidad documentada en la región: la amplia oferta, bajo costo y publicidad de estos productos han desplazado el consumo de alimentos frescos y mínimamente procesados.

La propuesta también llama a integrar la alimentación saludable en el currículo escolar, en la formación docente y en proyectos pedagógicos que vinculen salud, cultura, sostenibilidad y comunidad.

“Las escuelas tienen un enorme potencial para influir en los hábitos que acompañarán a niños y adolescentes durante toda su vida. Estos lineamientos ofrecen a los países herramientas basadas en la mejor evidencia científica disponible para crear entornos escolares que faciliten elecciones más saludables y contribuyan al bienestar de niños y adolescentes”, dijo Vanessa García Larsen, jefa de la Unidad de Factores de Riesgo del Departamento de Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental de la OPS.

Movimiento dentro y fuera del aula

La actividad física también aparece como un componente central de las políticas escolares. Los lineamientos recomiendan educación física de calidad, recreos activos, aulas activas, actividades antes y después de la jornada escolar, transporte activo y adaptaciones para estudiantes con discapacidad o necesidades específicas.

La guía plantea que las escuelas deben ofrecer oportunidades seguras, accesibles, inclusivas y agradables para moverse, no solo durante la clase de educación física.

Para ello, recomienda contar con clases regulares y de calidad, impartidas por personal formado, con materiales adecuados y una carga horaria mínima sugerida de 120 minutos semanales.

Este enfoque reconoce que la actividad física no solo ayuda a prevenir el sobrepeso y la obesidad. También mejora la salud cardiovascular, el bienestar metabólico, la salud mental, la atención, la conducta en clase y el rendimiento académico.

“Estos lineamientos parten de una premisa fundamental: la salud y la educación son inseparables. Cuando promovemos una alimentación saludable y la actividad física en las escuelas, también estamos fortaleciendo las trayectorias educativas, el bienestar socioemocional, la participación activa y las oportunidades de aprendizaje de las nuevas generaciones”, afirmó Jesús Schucry Giacoman Zapata, director del Departamento de Desarrollo Humano, Educación y Empleo de la OEA.

México: impuestos, etiquetado y atención médica

En México, el debate sobre obesidad ya incluye políticas estructurales. Simón Barquera, presidente de la Federación Mundial de Obesidad e investigador del Instituto Nacional de Salud Pública, señaló que el país cuenta con medidas como impuestos a bebidas azucaradas, etiquetado frontal de advertencia en alimentos y bebidas, y el Protocolo Nacional de Atención Médica.

De acuerdo con Barquera, estas acciones pueden contribuir a disminuir el exceso de peso en la población, siempre que se apliquen de manera efectiva y se complementen con otras medidas.

El investigador destacó avances como la reducción de siete gramos de azúcar en refrescos, equivalentes a 32 calorías, además de una disminución en la compra de estos productos asociada a impuestos y campañas de comunicación.

Sin embargo, advirtió que la política pública debe sostenerse frente al impulso comercial de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas, especialmente cuando su promoción se intensifica en eventos masivos o de alto consumo mediático.

Desde esta perspectiva, las medidas fiscales y regulatorias no sustituyen la atención clínica, pero ayudan a modificar los entornos que favorecen el consumo excesivo de productos no saludables.

Atención sin estigma

Otro punto que atraviesa el congreso es la necesidad de atender la obesidad sin reducirla a “falta de voluntad”.

Un estudio internacional de Ipsos, presentado previo al Congreso Internacional sobre Obesidad 2026, reportó que en México nueve de cada diez personas con obesidad han buscado atención médica. La mayoría recibió recomendaciones centradas en comer mejor y hacer más ejercicio.

Sin embargo, 77 por ciento cree que la obesidad depende únicamente de sus decisiones personales. Este dato refleja la persistencia de una mirada individualizante, pese a que la obesidad es una enfermedad crónica influida por múltiples factores.

“Hoy sabemos que la obesidad es una enfermedad crónica, progresiva y multifactorial, influida por factores biológicos, genéticos, ambientales y sociales. Sin embargo, estos hallazgos muestran que aún es necesario seguir fortaleciendo el conocimiento sobre la enfermedad, así como promover un abordaje basado en la evidencia científica y libre de estigma”, afirmó Iñaki Villanueva, director del área médica de obesidad de Lilly México.

Medicamentos, sí, pero no como única respuesta

El congreso también ocurre en un momento de alto interés por medicamentos para bajar de peso, especialmente los agonistas del receptor GLP-1, como los usados para reducir apetito y sensación de hambre.

De acuerdo con una investigación que se presentará en el encuentro, durante la última década aumentó 25 veces la búsqueda en internet de medicamentos para bajar de peso. En contraste, el interés por medidas centradas en hábitos alimentarios y actividad física se mantuvo estable.

Barquera señaló que estos medicamentos pueden ser útiles en casos específicos, pero requieren infraestructura, personal médico capacitado, seguimiento y programas de alimentación saludable y modificación de conducta.

El tratamiento farmacológico puede formar parte de un manejo integral, pero no debe entenderse como solución aislada. La prevención, la regulación de entornos, la atención clínica y el acompañamiento conductual siguen siendo componentes necesarios.

Obesidad y enfermedad hepática

La discusión sobre obesidad también se relaciona con otras enfermedades metabólicas. Jeffrey V. Lazarus, investigador de ISGlobal Barcelona, presentará datos sobre enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, conocida como MASLD.

Su participación es relevante para México porque el país figura entre los de mayor riesgo de enfrentar una crisis sanitaria por esta enfermedad, debido a la combinación de obesidad, diabetes tipo 2, sedentarismo, consumo de alimentos ultraprocesados y predisposición genética.

De acuerdo con los datos que se presentarán en el congreso, más de 40 por ciento de la población adulta mexicana vive con MASLD, condición que incrementa la presión sobre los sistemas de salud y se perfila como una de las amenazas metabólicas de mayor crecimiento.

La reducción de la obesidad en México requiere actuar en distintos niveles. En la infancia y adolescencia, las escuelas pueden ayudar a cambiar entornos alimentarios, fomentar movimiento diario y construir aprendizajes sobre salud.

En la población adulta, se requiere atención médica basada en evidencia, sin estigma, con manejo integral y acceso a herramientas clínicas, nutricionales, psicológicas y farmacológicas cuando estén indicadas.

En política pública, hacen falta medidas sostenidas para regular la disponibilidad y promoción de productos ultraprocesados, fortalecer el etiquetado, mantener políticas fiscales, garantizar alimentación saludable en escuelas y ampliar espacios seguros para la actividad física.

Los lineamientos de OPS y OEA ofrecen una hoja de ruta útil para esa discusión: crear equipos multisectoriales, realizar diagnósticos, formular planes de trabajo, implementar políticas y evaluar sus resultados; en México, el Congreso Internacional sobre Obesidad abre una oportunidad para conectar la evidencia científica con decisiones públicas.

La prevención escolar, la regulación alimentaria, la atención médica integral y la reducción del estigma forman parte de una misma agenda: reducir la obesidad como problema de salud pública sin culpar a las personas por condiciones que también se construyen socialmente.

Fuentes

Organización Panamericana de la Salud. (2026, julio 10).
La OPS y la OEA presentan nuevos lineamientos para promover la alimentación saludable y la actividad física en las escuelas.

Organización Panamericana de la Salud | Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos. (2026).
Lineamientos regionales sobre políticas de alimentación saludable y actividad física en entornos escolares.

Congreso Internacional sobre Obesidad. (s.f.).
Congreso Internacional sobre Obesidad  – ICO 2026 – 15 – 17 de julio | Ciudad de México.

Cruz Martínez, Á. (2026, julio 15).
Faltan políticas públicas para reducir la obesidad: especialista. La Jornada.

Valadez, B. (2026, julio 8).
Obesidad en México sigue siendo atendida con enfoque en alimentación. Milenio.