El cambio de nombre responde a la necesidad de diferenciarlo de un diagnóstico meramente ginecológico, cuando en realidad afecta a muchos sistemas más que deben ser atendidos

Visto a la ligera, podríamos pensar que el cambio de denominación del síndrome de ovario poliquístico por el de síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP) es meramente un tema de forma, pero no lo es. El cambio responde a la necesidad de mejorar y ampliar la percepción que tienen los médicos sobre este problema de salud femenino, lo que a futuro permitirá potencialmente mejores diagnósticos que lo contemplen en su exacta dimensión.

El síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP) tiene una prevalencia estimada de 170 millones de mujeres, y sus tratamientos no siempre responden a las afectaciones que están viviendo.

El cambio de denominación surge de un consenso internacional riguroso realizado entre 56 organizaciones académicas, clínicas y asociaciones de pacientes, cuyas conclusiones, publicadas el pasado 12 de mayo en la revista The Lancet, parten de un estudio en el que participaron 14 360 personas con SOP y profesionales de la salud multidisciplinarios de todas las regiones del mundo, titulado: “Polyendocrine metabolic ovarian syndrome, the new name for polycystic ovary syndrome: a multistep global consensus process” («Síndrome ovárico metabólico poliendocrino, el nuevo nombre para el síndrome de ovario poliquístico: un proceso de consenso global en varias etapas»).

Al respecto, el artículo publicado en The Lancet enfatiza la importancia del cambio de nombre, asegurando que: “El síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP), anteriormente denominado síndrome de ovario poliquístico (SOP), afecta a una de cada ocho mujeres. Sin embargo, el término SOP es impreciso, ya que implica quistes ováricos patológicos, ocultando diversas características endocrinas y metabólicas, contribuyendo al retraso en el diagnóstico, la fragmentación de la atención y el estigma, además de limitar la investigación y la formulación de políticas. La precisión mejoró al omitir los quistes y al incluir la disfunción endocrina, metabólica y ovárica”.

Lo cierto es que las características clínicas generales de la afección no se ven incluidas en su nombre tradicional, lo que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hace que hasta el 70 % de las mujeres afectadas no sean correctamente diagnosticadas, contribuyendo a la creación de vacíos en el conocimiento del síndrome, y a la baja satisfacción de las pacientes.

Consolidar el cambio de nombre del síndrome y, sobre todo, hacer entender a los médicos lo que esto implica no será una tarea fácil ni rápida, pero sí necesaria. El nuevo nombre dimensiona las características del padecimiento, lo que esperamos que consiguirá una mejor atención a una dolencia femenina poco estudiada y frecuentemente mal comprendida.

Por: Manuel Garrod, miembro del Comité Editorial de códigoF

Fuentes

The Lancet. (12 de mayo de 2026).
Polyendocrine metabolic ovarian syndrome, the new name for polycystic ovary syndrome: a multistep global consensus process.

Organización Mundial de la Salud. (22 de enero de 2026).
Síndrome del ovario poliquístico.