La Secretaría de Salud informó que México fortaleció las acciones de prevención, diagnóstico y tratamiento de las leishmaniasis, un grupo de enfermedades parasitarias transmitidas por insectos flebótomos infectados y consideradas dentro de las enfermedades tropicales desatendidas.

De acuerdo con la dependencia, el país cuenta actualmente con las opciones terapéuticas recomendadas a nivel internacional, lo que permite ampliar el acceso a la atención médica en entidades endémicas y reducir complicaciones asociadas con sus distintas formas clínicas: cutánea, mucosa y visceral.

Fabián Correa Morales, director de Enfermedades Transmitidas por Vectores del Centro Nacional de Prevención y Control de Enfermedades, señaló que esta estrategia busca mejorar la respuesta de los servicios de salud y ofrecer atención más oportuna a las comunidades afectadas.

El Programa de Prevención, Tratamiento y Control de las Leishmaniasis 2025-2030 contempla un portafolio completo de tratamientos, entre ellos antimoniato pentavalente, miltefosina, anfotericina B liposomal, anfotericina B desoxicolato, tratamientos locales con antimoniato pentavalente y termoterapia.

Una enfermedad asociada a pobreza, ambiente y acceso a salud

La leishmaniasis es causada por protozoos del género Leishmania. Se transmite a humanos y animales mediante la picadura de flebótomos hembra infectados, conocidos en distintas regiones como jejenes, mosquitos, palomillas, papalotillas o mosca chiclera.

En las Américas, su transmisión es zoonótica, es decir, involucra animales reservorios, vectores y personas expuestas en determinados ambientes. Su presencia se relaciona con condiciones sociales, ambientales y climáticas, así como con dificultades de acceso a servicios de salud.

La guía mexicana para la atención médica de la leishmaniasis señala que en el país representa un problema creciente de salud pública por su morbilidad, el acceso limitado a servicios en algunas zonas y cambios epidemiológicos relacionados con la urbanización del ciclo de transmisión y la presencia del vector cerca de viviendas.

También advierte que la enfermedad afecta con mayor frecuencia a personas en condiciones de pobreza y puede tener impacto económico para las familias y los servicios de salud, debido a los costos y seguimiento que requieren algunas formas clínicas.

Estados con transmisión en México

La Secretaría de Salud identificó como entidades endémicas a Campeche, Chiapas, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, Quintana Roo, Sinaloa, Tabasco, Veracruz y Yucatán.

En México, la forma más frecuente es la leishmaniasis cutánea, que puede aparecer en brotes o casos aislados, especialmente en zonas agrícolas, selváticas o rurales. En algunas regiones se le conoce como “úlcera de los chicleros”, por su asociación histórica con actividades en áreas donde se siembran o cosechan cacao, café o árboles chicleros.

La guía nacional reporta especies de Leishmania identificadas en México, como Leishmania mexicana asociada a enfermedad cutánea, Leishmania braziliensis vinculada con enfermedad mucosa y Leishmania infantum relacionada con leishmaniasis visceral.

Tres formas clínicas

La leishmaniasis cutánea es la forma más común. Produce lesiones en la piel que pueden iniciar como una pequeña elevación y evolucionar a úlceras, generalmente indoloras, que pueden dejar cicatrices permanentes o infectarse si no reciben atención adecuada.

La leishmaniasis mucosa o mucocutánea puede afectar nariz, boca, paladar o faringe. Si no se trata de forma temprana, puede causar destrucción parcial de mucosas, deformaciones y discapacidad.

La leishmaniasis visceral es la forma más grave. Puede producir fiebre irregular, pérdida de peso, anemia, crecimiento del bazo y del hígado, y complicaciones sistémicas. Sin tratamiento, puede tener una alta letalidad, por lo que el diagnóstico y la atención temprana son indispensables.

Diagnóstico más oportuno y seguimiento nominal

Entre 2019 y 2025, México registró avances para fortalecer la respuesta frente a las leishmaniasis. De acuerdo con CENAPRECE, uno de los principales logros fue la recuperación del abasto de medicamentos mediante adquisiciones con calidad garantizada a través del Fondo Estratégico de la Organización Panamericana de la Salud.

También se estandarizó el proceso de atención médica mediante protocolos clínicos para la prescripción y seguimiento de pacientes.

En diagnóstico, se fortaleció la confirmación parasitológica, el uso de pruebas rápidas rK39 para leishmaniasis visceral y el tamizaje sistemático de VIH, debido a que la coinfección puede complicar el manejo clínico.

Además, el país incorporó tratamientos locales, particularmente termoterapia, y modernizó el sistema de información mediante el Módulo Leishmaniasis del Sistema Integral de Monitoreo de Vectores, que permite seguimiento nominal de casos y análisis programático en tiempo real.

“Esto ha permitido mejorar la organización de los servicios, reducir brechas operativas y sentar las bases para el fortalecimiento sostenido de las acciones de prevención, atención y control de las leishmaniasis”, puntualizó Correa Morales.

Tratamientos disponibles

El fortalecimiento del portafolio terapéutico permite seleccionar el tratamiento según la forma clínica, la especie sospechada o identificada, la gravedad del caso, la edad, el estado inmunológico y las condiciones de cada paciente.

Las opciones sistémicas, locales y la termoterapia amplían la capacidad de respuesta en zonas donde antes el acceso podía ser más limitado. También permiten evitar tratamientos innecesariamente agresivos en algunos casos cutáneos y reservar opciones más complejas para formas mucosas, viscerales o situaciones especiales.

La Secretaría de Salud destacó que contar con todas las alternativas recomendadas ayuda a mejorar la oportunidad de atención en comunidades afectadas y a disminuir complicaciones.

La guía nacional subraya que la atención debe estar basada en evidencia, con decisiones clínicas centradas en el paciente, seguimiento de la respuesta terapéutica y criterios comunes entre entidades federativas.

México dentro del plan regional de las Américas

La estrategia mexicana se inserta en un esfuerzo regional. El Plan de Acción para Fortalecer la Vigilancia y el Control de las Leishmaniasis en las Américas 2023-2030 de la OPS plantea reducir la morbilidad y mortalidad mediante diagnóstico, tratamiento, rehabilitación, prevención, vigilancia y control.

El plan regional reconoce que las leishmaniasis siguen siendo enfermedades desatendidas que afectan sobre todo a poblaciones pobres y con menor acceso a servicios. También señala avances de los últimos años, como pruebas rápidas para leishmaniasis visceral, tratamientos locales, uso de miltefosina para leishmaniasis cutánea en las Américas y anfotericina B liposomal.

En la región, la leishmaniasis cutánea es la forma más frecuente. La OPS reporta que la enfermedad tiene amplia distribución geográfica y un ciclo complejo de transmisión, con distintas especies de parásitos, vectores y reservorios.

Para 2030, el plan regional plantea metas como detectar y notificar al menos 85 por ciento de los casos nuevos esperados de leishmaniasis cutánea y tratar al menos 90 por ciento de los casos detectados y notificados, de acuerdo con los sistemas nacionales y subnacionales de información.

Prevención y vigilancia comunitaria

La prevención requiere acciones combinadas. A nivel personal, en zonas de riesgo se recomienda usar ropa de manga larga, aplicar repelente, colocar mallas en ventanas o huecos de la vivienda y evitar dormir a la intemperie o directamente en el suelo cuando exista exposición al vector.

A nivel comunitario, es necesario reducir condiciones que favorezcan la presencia de flebótomos, mejorar los entornos domésticos y peri domésticos, fortalecer la vigilancia entomológica y mantener comunicación constante con la población para identificar lesiones sospechosas.

La atención temprana es un punto central. Una lesión cutánea que no cicatriza, una úlcera persistente, síntomas nasales o bucales asociados a zonas endémicas, o fiebre prolongada con pérdida de peso y crecimiento del abdomen deben ser valorados por personal de salud.

Entre los compromisos de México hacia 2030 se encuentra garantizar que todas las personas afectadas reciban diagnóstico temprano, tratamiento adecuado y seguimiento clínico completo, con énfasis en niñas, niños y poblaciones en situación de vulnerabilidad.

La disponibilidad de medicamentos, la incorporación de pruebas diagnósticas, el seguimiento nominal de casos y la alineación con el plan regional de OPS buscan consolidar una respuesta más ordenada y sostenida.

Aunque la leishmaniasis tiene menor visibilidad pública que otros padecimientos transmitidos por vectores, como dengue, chikungunya o enfermedad de Chagas, su impacto puede ser prolongado, incapacitante e incluso mortal en sus formas graves.

Por ello, la estrategia nacional apunta a que la enfermedad sea detectada antes, tratada mejor y vigilada con mayor precisión, especialmente en las comunidades donde el ambiente, la pobreza y el acceso limitado a servicios de salud aumentan el riesgo.

Fuentes

Secretaría de Salud. (2026, julio 8).
173. México fortalece la atención integral contra la leishmaniasis.

Secretaría de Salud | Centro Nacional de Prevención y Control de Enfermedades. (2022, julio).
Guía para la Atención Médica de la Leishmaniasis en México.

Organización Panamericana de la Salud. (2024, septiembre 3).
Plan de acción para fortalecer la vigilancia y el control de las leishmaniasis en las Américas 2023-2030.

OPS/OMS | Organización Panamericana de la Salud. (s.f.).
Leishmaniasis.

UNAM Global. (2024, agosto 19).
Leishmaniasis: riesgo al alza en México.