Tener los ojos secos de forma constante, sentir la boca reseca, presentar fatiga persistente o dolor en las articulaciones puede parecer una molestia pasajera. Sin embargo, estos síntomas también pueden ser señales del síndrome de Sjögren, una enfermedad autoinmune crónica que puede tardar años en diagnosticarse.

En el marco del Día Mundial del Síndrome de Sjögren, que se conmemora cada 23 de julio, especialistas llaman a no minimizar la resequedad ocular y bucal cuando se mantiene durante meses o se acompaña de cansancio intenso, dolor articular, inflamación de glándulas salivales o dificultad para tragar.

El síndrome de Sjögren es una afección en la que el sistema inmunitario ataca por error tejidos sanos del cuerpo. En la mayoría de los casos afecta las glándulas encargadas de producir lágrimas y saliva, lo que provoca sequedad en los ojos y la boca.

Aunque estos son sus síntomas más conocidos, se trata de una enfermedad sistémica. Esto significa que también puede comprometer articulaciones, piel, pulmones, riñones, hígado, tiroides, vasos sanguíneos y sistema nervioso central o periférico.

Más que ojos y boca secos

Los síntomas principales son xeroftalmia, es decir, sequedad en la conjuntiva y la córnea, y xerostomía, que corresponde a la sequedad bucal.

En los ojos, las personas pueden sentir ardor, comezón, irritación, visión borrosa o la sensación de tener arena. En la boca, la resequedad puede dificultar hablar, masticar o tragar, especialmente alimentos secos.

También pueden aparecer dolor, hinchazón y rigidez en articulaciones, fatiga persistente, tos seca, piel seca, sequedad vaginal, inflamación de glándulas salivales y molestias musculares.

El médico Miguel Ángel Vences advirtió que uno de los principales problemas es que los primeros síntomas suelen atribuirse al estrés, al envejecimiento, a la menopausia o a problemas aislados de salud.

“Hay personas que refieren que tenían problemas en las rodillas desde hace años o dolor de espalda. Todos esos síntomas podrían indicar muchos otros padecimientos y eso dificulta llegar al diagnóstico”, explicó.

Una enfermedad que suele diagnosticarse tarde

El síndrome de Sjögren puede presentarse a cualquier edad, aunque se diagnostica con mayor frecuencia después de los 40 años. Afecta principalmente a mujeres, en especial entre los 40 y 60 años, aunque también puede aparecer en hombres, personas jóvenes e incluso niñas y niños.

La reumatóloga Ivón Karina Ruiz López, profesora adjunta de Reumatología en la Facultad de Medicina de la UNAM, señaló que el diagnóstico temprano mejora el pronóstico y la calidad de vida.

“Por desgracia, el retraso en el diagnóstico incide negativamente en el tratamiento. Entre más temprano se diagnostique este síndrome, más éxito tendrá el tratamiento y la calidad de vida de la persona será mejor”.

En muchos casos, las personas consultan primero a oftalmología por irritación ocular o a odontología por caries frecuentes, encías inflamadas o dificultad para comer. El diagnóstico puede retrasarse cuando no se relacionan estos síntomas con un proceso autoinmune.

Por qué ocurre

Las causas exactas del síndrome de Sjögren no se conocen por completo. La evidencia apunta a una combinación de susceptibilidad genética y posibles factores disparadores, como infecciones virales o bacterianas.

Ruiz López explicó que una persona puede tener predisposición genética si tiene familiares con este síndrome u otros trastornos autoinmunes, pero eso no basta para desarrollar la enfermedad. En algunos casos, un agente infeccioso puede activar la respuesta inmunitaria.

Entre los virus que se han asociado con el síndrome de Sjögren se mencionan Epstein-Barr, hepatitis C, Coxsackie A y, tras la pandemia, SARS-CoV-2. También se ha planteado que los cambios hormonales pueden influir, lo que ayudaría a explicar por qué aparece con más frecuencia en mujeres durante o después de la menopausia.

Estas asociaciones no significan que exista una sola causa ni que todas las personas expuestas desarrollen la enfermedad.

Complicaciones en ojos, boca y otros órganos

La resequedad no solo causa incomodidad. Las lágrimas y la saliva cumplen funciones de protección. Cuando disminuyen, aumenta el riesgo de lesiones, infecciones y daño en tejidos.

En los ojos, la sequedad puede provocar sensibilidad a la luz, visión borrosa, infecciones, úlceras corneales o daño en la córnea.

En la boca, la falta de saliva favorece caries, candidiasis bucal, inflamación de encías, úlceras, dificultad para hablar, problemas para tragar y deterioro dental. En casos avanzados, la pérdida de piezas dentales puede afectar la alimentación, la imagen personal y la autoestima.

La enfermedad también puede afectar vías respiratorias, pulmones, riñones, hígado, nervios y ganglios linfáticos. Aunque es menos frecuente, algunas personas pueden desarrollar neuropatía periférica, problemas pulmonares, alteraciones renales o linfoma.

Cómo se diagnostica

No existe una sola prueba que confirme todos los casos. El diagnóstico requiere una valoración clínica integral, historia médica, exploración física y estudios complementarios.

Entre las pruebas utilizadas se encuentran la prueba de Schirmer, que mide la producción de lágrimas; estudios de glándulas salivales, como biopsia, gammagrafía o sialografía; y análisis sanguíneos para identificar anticuerpos frecuentes en estos pacientes.

Entre ellos se encuentran los anticuerpos anti-Ro o anti-SSA, anti-La o anti-SSB, anticuerpos antinucleares y, en algunos casos, factor reumatoide.

Cuando hay sospecha de afectación en otros órganos, pueden requerirse estudios específicos y valoración por distintas especialidades.

Tratamiento para controlar la enfermedad

El síndrome de Sjögren no tiene cura, pero puede controlarse. El tratamiento depende de las manifestaciones de cada paciente y de si la enfermedad se limita a resequedad o si existe daño sistémico.

En casos leves, pueden indicarse lágrimas artificiales, saliva artificial, lubricantes y medidas para reducir molestias. También pueden utilizarse medicamentos para estimular la producción de secreciones.

Cuando hay inflamación articular u otras manifestaciones moderadas, pueden emplearse fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad. En casos graves, con afectación de órganos, se pueden indicar inmunosupresores o citotóxicos, siempre bajo vigilancia médica.

La atención suele requerir un equipo multidisciplinario. Reumatología encabeza el manejo, pero puede ser necesario el apoyo de oftalmología, odontología, medicina interna, neumología, nefrología, cardiología, endocrinología u otras áreas, según los órganos afectados.

Especialistas señalan que uno de los mayores errores es acostumbrarse a vivir con la resequedad, la fatiga o el dolor articular.

Cuando la sequedad ocular o bucal persiste por varios meses, especialmente si se acompaña de cansancio intenso, dolor en articulaciones, inflamación de glándulas salivales, caries frecuentes o dificultad para tragar, se recomienda acudir a valoración médica.

“Todos podemos pensar que un día no dormimos bien o que el cansancio es por el trabajo, pero la invitación es a conocer nuestro cuerpo. La medicina preventiva puede orientar y ahí es donde debemos trabajar”, señaló Vences.

El llamado del Día Mundial del Síndrome de Sjögren es reconocer que ojos y boca secos no siempre son molestias menores. En algunas personas pueden ser la primera señal de una enfermedad autoinmune que, si se detecta a tiempo, puede controlarse y permitir una mejor calidad de vida.

Fuentes

Mayo Clinic. (2026, abril 21).
Síndrome de Sjogren – Síntomas y causas.

Sánchez, M. (2026, julio 23).
El síndrome de Sjögren suele confundirse con estrés, envejecimiento o menopausia. El Sol de Toluca.

Gutiérrez Alcalá, R. (2025, octubre 6).
Síndrome de Sjögren, cuando los ojos y la boca se secan. Gaceta UNAM.