Proteger la salud mental y física de niños y jóvenes debe ser la prioridad en la agenda social
A finales de agosto se dio a conocer que la corporación Meta, propietaria de Instagram y Facebook, acordó pagar una cifra cercana a los 18 000 millones de dólares para evitar que los fiscales generales de 52 Estados y territorios de los EE. UU. siguieran avanzando en el enfrentamiento legal contra la compañía.
Meta ha sido acusada –reiteradamente y desde hace años– de crear y operar productos digitales sabiendo que perjudican la salud mental de quienes los consumen, sobre todo de los usuarios más jóvenes y, por lo tanto, más vulnerables.
Como complemento obligatorio al pago de esta cifra –cuya cantidad es enorme, pero realmente poco significativa para esta multimillonaria empresa–, Meta se comprometió a realizar cambios en el diseño de sus aplicaciones, para limitar el acceso y el uso de las redes a los menores de edad por un máximo de dos horas al día, establecer la desconexión nocturna y suspender las notificaciones en horario escolar: exigencias mínimamente razonables.
Vale la pena tener presente que más allá de la gran habilidad de las redes sociales para “secuestrar” por horas, y sin aparente violencia, la atención de quienes las usan, estas se han convertido en un territorio libre en el que campean a sus anchas los agresores y depredadores sexuales para contactar a los niños que no cuentan todavía con las herramientas para discernir los riesgos que corren.
Lo cierto es que desde hace años los especialistas en salud mental han venido advirtiéndonos sobre los múltiples y profundos daños que la adicción a estos productos digitales genera en la sociedad: ansiedad, depresión e ideación suicida, que, en casos extremos, se han cobrado la vida de más de una persona.
El acuerdo económico y de modificación de sus plataformas a los que llegó la empresa de Mark Zuckerberg para evitar enfrentarse al juzgado federal de Oakland parecieran mostrar que los ejecutivos de la empresa están conscientes de lo que se les acusa, y que aun sabiéndolo no hicieron nada para evitarlo o corregirlo, privilegiando los beneficios económicos sobre la salud mental de sus usuarios.
Entre otros argumentos más, la parte demandante insistió en que el modelo de negocio de Meta incentiva el uso frecuente y continuado de sus plataformas a través de múltiples funciones.
La cifra de 18 000 millones de dólares es, como lo dije, insignificante para una empresa que tan solo durante el segundo trimestre del presente año facturó 60 000 millones de dólares. Para Meta, cerrar un acuerdo por esta cifra le evitará enfrentarse al riesgo de pagar aproximadamente 200 000 millones de dólares que exigía la parte acusadora, y de los 1.4 billones de dólares que podría llegar a perder si las demandas por vulneración de la regulación de privacidad proseguían su curso.
Es por ello que, según los analistas, la importancia del acuerdo no reside en los 18 000 millones de dólares, sino en el compromiso de hacer los ajustes necesarios para que los modelos y los contenidos de sus plataformas sean menos adictivos, más seguros, tengan mejores sistemas de control y verificación de edad, y no vulneren la privacidad ni se adueñen de los datos de quienes confiadamente las usan.
Por: Manuel Garrod, miembro del Comité Editorial de códigoF
Fuentes
El País. (26 de agosto de 2026).
El ‘momento tabacaleras’ de las redes: claves de un acuerdo histórico que marcará el futuro de las plataformas. Manuel G. Pascual.
BBC. (26 de agosto de 2026).
Meta acuerda pagar hasta US$18.000 millones para cerrar el juicio por las fallas en la protección a menores de edad.
Forbes. (30 de agosto de 2026).
Acuerdo millonario con Meta abre nuevo frente en la lucha mundial contra los daños de las redes sociales en menores.


