La fecha elegida para celebrar el Día Mundial de la Anestesia se remonta al 16 de octubre de 1846, cuando los médicos del Hospital General de Massachusetts demostraron el uso del éter por primera vez para evitar el dolor a un paciente durante un procedimiento médico, lo que cambió por completo la hoja de ruta de la práctica médica, y, por supuesto, las experiencias vitales de quienes necesitaban ser intervenidos.
Vale la pena comentarles que, aunque el evento ocurrido en el Hospital General de Massachusetts está considerado por diversos autores norteamericanos como la primera ocasión en la que un paciente no sufrió dolor durante una intervención quirúrgica gracias al uso del éter, hay testimonios que aseguran que en otras fechas, y en otros países, se utilizaban con éxito algunos procedimientos para evitar el dolor, y como ejemplo les comparto que 40 años antes del evento ocurrido en el nosocomio norteamericano, el japonés Seishu Hanoaka utilizaba un anestésico oral a base de hierbas muy eficaz, desarrollado con una mezcla de alcaloides derivados de seis hierbas diferentes, que podía producir una anestesia profunda, permitiendo que procedimientos quirúrgicos mayores se realizaran sin dolor. Era una técnica ampliamente utilizada en todo Japón, la cual se abandonó con la introducción de las técnicas occidentales a finales de la década de 1840, y principios de la de 1850.
Lo que me parece impactante, y por supuesto incomprensible, es saber que después de haber pasado 179 años desde el primer uso de la anestesia en los EE. UU., cerca de 5 mil millones de personas en el mundo todavía no tengan acceso a la anestesia segura, exponiéndolas no solamente a los riesgos inherentes a la intervención, sino al sufrimiento ocasionado por ella, lo que nos demuestra, una vez más, la inequidad persistente en el ámbito de la salud.
La anestesia previene el dolor durante una cirugía y otros procedimientos médicos, y puede administrarse por inyección, inhalación, loción tópica, aerosol, gotas para los ojos o parche cutáneo, acarreando la pérdida de la sensibilidad, la conciencia, o ambos. La sedación puede ser usada junto a la anestesia, y a diferencia de esta, no provoca la pérdida total de conciencia y la recuperación es más rápida, ayudando a reducir el dolor, mantener la calma, durante cirugías menores, endoscopias, estudios con imágenes, o tratamientos dentales.
¿Cuáles son los tipos de anestesia?
- Anestesia local: adormece una pequeña parte del cuerpo, permitiendo que el paciente esté despierto, y alerta durante el procedimiento.
- Anestesia regional: Se usa para áreas más grandes del cuerpo, como un brazo, una pierna, o todo lo que esté debajo de la cintura. Es posible que el paciente se encuentre despierto durante el procedimiento, o que le administren sedantes.
- Anestesia general: Afecta a todo el cuerpo, y es similar a un sueño profundo, pero sin sensaciones.
- Sedación monitorizada: Esta técnica hace sentir al paciente relajado o somnoliento, pudiendo incluso, y dependiendo del nivel de sedación, hablar.
Las prioridades estratégicas de la Federación Mundial de Sociedades de Anestesiólogos:
- Apoyar los esfuerzos educativos en anestesia y cuidados críticos en entornos de bajos recursos.
- Promover el conocimiento público sobre el importante papel de la anestesia y los cuidados críticos en la salud global.
- Trabajar con otras organizaciones para mejorar la seguridad y la calidad de la anestesia y los cuidados críticos.


